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Los héroes griegos, como muchos héroes de las historias más modernas, recorren un camino propio –cada uno el suyo– que, sin embargo, según los estudiosos de la literatura, guarda ciertas similitudes con el recorrido de los demás héroes.

Efectivamente, en todo relato puede descubrirse un momento inicial: el héroe vive en un mundo más o menos habitual, con los miembros de su familia, aprendiendo y experimentando como cualquier niño. Un día, sin embargo, siendo todavía muy joven, al héroe se le presenta un desafío: tal vez su patria esté en guerra, tal vez desee conocer a su padre que habita en un reino lejano…

Lo cierto es que la tranquilidad de la vida diaria empieza a transformarse. El héroe abandona su mundo familiar, su niñez, su infancia, y se dirige hacia un mundo nuevo, desconocido para él, a veces mágico. Allí encuentra amigos y enemigos, descubre aliados y amenazas, y observa y descifra las nuevas reglas, las del espacio al que acaba de arribar.
 
Un día, finalmente, por alguna razón, el héroe deberá salir a enfrentar la prueba más grande, un obstáculo que parece invencible, tendrá que derrotar a un monstruo, vencer a un enemigo poderoso. Es el momento del viaje, y el héroe parte.


En el trayecto, se revelarán los verdaderos aliados, que le aportarán ideas u objetos reales y mágicos para derrotar al monstruo, y los verdaderos enemigos, los que desean su muerte. El viaje, lleno de temores por lo que va a ocurrir, así como el enfrentamiento y la lucha con el enemigo, dejará sus huellas en el joven héroe que partió de su patria.
 
Después de la lucha, cuando emprenda el regreso al mundo cotidiano, ya no será el mismo: si partió inexperto, volverá habiendo conocido el amor y enfrentado a la muerte; si partió como un príncipe valiente pero despreocupado, volverá para ser rey y responsable de su pueblo; en fin, si partió como un joven, volverá siendo un adulto. En algunos casos, el héroe ni siquiera es reconocido por su familia y su pueblo, pues tantos son los cambios que ya no es el mismo que partió un día.

El camino del héroe, dicen algunos, es el camino de la vida: el niño vive protegido en los cuidados del mundo familiar hasta que empieza a alejarse de él, poco a poco, al principio siendo aún bastante niño, más adelante como un joven que comienza a descubrir el mundo de los adultos. Los peligros, las pruebas, las dificultades y los enfrentamientos son inevitables. El joven siempre debe luchar contra algún monstruo que está frente a él e incluso con alguna fiera que está dentro de su corazón. Cuando el joven derrota al monstruo, ya no es un joven: es un hombre, fuerte y responsable de su propio destino.

 

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