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Codificación y compilación:
Una compilación o recopilación de leyes es simplemente una colección de disposiciones de diferentes procedencias y tiempos, que se reúnen y ordenan con criterios que pueden variar (por materias, cronológicamente, etc.), pero que conservan individualidad, sin llegar a formar un verdadero organismo, por lo que carecía de unidad interna. Por el contrario, un código es un conjunto de disposiciones, ordenadas sistemáticamente, que de modo completo y unitario regula una materia (Albaladejo, 2002). El Derecho civil español aparece recogido fundamentalmente en el Código Civil de 1889.




 
La codificación española:
A finales del siglo xviii se produce en toda Europa un movimiento codificador que habría de dar luz a los modernos códigos civiles, de todos ellos el que más ha influido tanto dentro como fuera de Europa ha sido el Código Civil (Code) de Napoleón de 1804. En España el primer intento codificador no consigue un Código sino una mera Recopilación, la Novísima Recopilación de 1805.

a) El Proyecto de Código Civil de 1851:
El primer proyecto importante de Código Civil de nuestra historia de la codificación es el de 1851, su máximo artífice fue García Goyena. Sus caracteres son: liberalismo decidido, progresismo moderado, criterio unificador a base del Derecho de Castilla (Derecho común con la consiguiente derogación de los derechos forales), y afrancesamiento notorio siguiendo al Código de Napoleón.

El Proyecto de 1851 no llegó a convertirse en Código, puesto que pretendía aplicar un mismo Derecho civil en toda España, acabando con los denominados Derechos forales. Esta pretensión unificadora fue la causa de su fracaso, por la fuerte oposición que generó entre los foralistas; con ello se paralizó la codificación y la actividad jurídica tomó otros rumbos, dedicándose los legisladores mientras tanto a redactar una serie de leyes especiales (en realidad leyes generales de aplicación en todo el territorio), entre otras la Ley Hipotecaria de 1861, Ley del Notariado de 1862, Ley de Aguas de 1866, etc.




b) El Proyecto de Ley de Bases de 1881:
En 1881, como ministro de Gracia y Justicia Alonso Martínez, se presenta al Senado un Proyecto de Ley de Bases, sobre la que habría de redactarse el futuro Código (por la Comisión General de Códigos del Ministerio de Justicia), entendiendo que los órganos parlamentarios podían establecer las bases o principios sobre los cuales había de redactarse el Código, pero que en cambio, la labor de redacción de este es una labor estrictamente técnica que debe ser obra de una comisión muy reducida y especializada. Este primer Proyecto de ley de Bases prevé un sistema de apéndices en los que se incluirían las instituciones forales que, por su arraigo, no pudieran ser suprimidas, si bien establece que las instituciones forales que sean factibles se incorporarían al Código «para aproximarse a la uniformidad de la legislación en todo el reino».

Un segundo Proyecto de Ley de Bases, de 7 de enero de 1885, renuncia definitivamente a la idea de un código unitario, limitándose el Código Civil al Derecho castellano: el proyecto se convirtió en la Ley de Bases de 11 de mayo de 1888 (ahora de Francisco Silvela), que establece la conservación de los Derechos forales, salvo en algunas materias, como el título preliminar y el matrimonio (art. 5), los cuales se recogerán en Apéndices del Código Civil (art. 6). La idea anterior se plasmó en los antiguos artículos 12 y 13 del Código Civil. El único apéndice que llegó a promulgarse fue el de Aragón, por ley de 7 de diciembre de 1925, hoy derogado y sustituido por su Compilación.
En octubre de 1888 se publicó el Código Civil en la Gaceta de Madrid (actual boe), y tras ser discutido en Cortes se produce una segunda edición del mismo, entrando en vigor el 27 de julio de 1889.

Escrito por: Federico Arnau Moya.


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