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Grecia es un país situado al sudeste de Europa, en la península balcánica. Es una tierra de muchos contrastes: tiene llanos, montes y cordilleras. Altos acantilados se alzan a lo largo de la costa y los mares que la rodean están salpicados de islas grandes y pequeñas, algunas deshabitadas, otras no.

Las tierras más bajas son fértiles y en las vertientes hay viñas y olivos. En primavera, los lugares más insólitos se llenan de flores silvestres que suben por las montañas, contrastando con las verdes hojas del herbaje. A pesar de todo, los brillantes colores duran poco, ya que el calor del verano desvanece las flores tan deprisa como habían llegado. Entonces la única vegetación, a parte de la de los valles más resguardados, consiste en clapas de pinos. En invierno la nieve cubre las cimas.

La costa es, seguramente, muy parecida a la de tiempos remotos: como era de esperar una tierra tan llena de puertos naturales, tenía excelentes marineros. Su influencia se extendió a las islas vecinas y a los países del Mediterráneo oriental. Grecia, aunque constituía un único territorio, se dividía en muchas ciudades, cada una de las cuales tenía su propio rey o familia gobernante.

Atenas, Micenas, Tebas, Esparta y Tirinto fueron ciudades importantes en uno u otro momento de la historia de este país. A menudo había rivalidades entre ellas, pero a veces se aliaban por causas comunes -como sucedió en la toma de Troya. Muchas de estas ciudades-estado quedaban separadas de sus vecinas por altas cordilleras que dificultaban las comunicaciones.


El monte Olimpo separaba Macedonia de Tesalia, el Parnaso separaba Beocia de Etolia, las montañas de la Arcadia separaban el norte del sur y el este del oeste de la península del Peloponeso. El aislamiento de los estados fue la causa por la que las historias que se contaban sobre los dioses y mortales variasen de un lugar a otro. Cada narrador daba su propia versión, introduciendo nuevos episodios.

No fue hasta los s.VIII-VII aC., que Homero y otros se agruparon y recogieron esas leyendas. En los cuentos populares ("folk tales") de algunos países hay parte verídica y, seguramente, en Grecia debe ocurrir lo mismo. Los arqueólogos han descubierto lugares y objetos que parecen relacionarse con algunos de los relatos. Quizás el ejemplo más famoso sea el de Schliemann.

De pequeño, las historias preferidas de Schliemann eran las leyendas de los griegos. Es más, llegó a convencerse y creía firmemente que muchas de ellas se basaban en hechos reales. Dedicó su vida a conseguir una gran fortuna y poder llevar a cabo el sueño de su vida: desenterrar la antigua ciudad de Troya. Fiándose de pequeños indicios llegó a encontrar el emplazamiento de Troya; los sabios de la época, que habían ridiculizado sus teorías y proyectos, quedaron perplejos ante el descubrimiento. Más tarde, entre otros hallazgos, desenterró la antigua ciudad de Micenas, patria del rey Agamenón. Allí encontró las tumbas reales en perfecto estado de conservación, un tesoro incalculable de oro... Estuvo a punto también de descubrir el palacio de Cnossos en Creta.

Como muchos de los pueblos primitivos, el griego no creía en un sólo dios. Tenían muchos dioses y diosas que solían relacionarse con fuerzas naturales y emociones humanas. Poseidón era el dios del mar, Afrodita la diosa del amor, Ares el dios de la guerra. Otras divinidades se escogían para representar actividades prácticas o de recreo: Deméter era la diosa de las cosechas, Apolo el dios de la música, Atenea diosa de las artes (especialmente del hilado y tejido) y de la sabiduría, Dionisio era el dios del vino y Hermes era el dios mensajero. Algunos dioses poseían más atributos: Apolo era responsable no sólo de la música, sino también del tiro con arco, la medicina y la profecía.

Los oráculos eran santuarios especiales donde los sacerdotes y las pitonisas interpretaban los mensajes de los dioses. Estos santuarios aparecieron en muchos lugares, siendo los más importantes el de Apolo en Delfos y el de Zeus en Dodona. En éste, el dios se expresaba por el murmullo de las hojas de una encina mecidas por el viento...

Dioses y diosas fueron adoptados como patronos de ciudades o estados, como Atenea p. ej. Lo fue de Atenas. Pero por encima de todos los dioses reinaban Zeus y su esposa Hera, quienes veían lo que ocurría desde el Olimpo, montaña siempre cubierta de nubes. Con el tiempo, quizás porque los griegos deseaban oír que los dioses que veneraban no se hallaban tan lejanos a ellos, describían a sus dioses en sus leyendas y los mezclaban con los mortales en sus peripecias. Otra forma de asemejarlos a los humanos era dotarles de debilidades humanas: así Zeus no podía resistir a los encantos de una bella mujer y para acercarse a ella se metamorfoseaba en cisne, en toro, lluvia de oro... Los dioses destacaban por sus celos y su espíritu de venganza. A parte de los dioses, existen también criaturas míticas dentro de las leyendas griegas.

P. ej. había centauros (mitad hombre y mitad caballo), sátiros (mitad hombre y mitad cabra), ninfas del mar y de los bosques. Estas extrañas criaturas vivían en la tierra pero, al igual que los dioses, tenían poderes sobrenaturales. También tenían poderes especiales los monstruos contra los que luchaban dioses y mortales. Medusa, que tenía serpientes en lugar de cabellos, convertía en piedra a todo aquél que la mirara. La Quimera era un espantoso híbrido de cabra y león, con una cola de serpiente... La terrible Esfinge devoraba a sus víctimas; los Grifos, con cuerpo de león, cabeza de águila... Los monstruos representaban las fuerzas del mal, y la supresión del mal era tema básico de las historias mitológicas. A menudo, los héroes iniciaban sus atrevidas aventuras sin otro motivo que el de robustecer el triunfo del bien. Si eran hábiles y valientes, era fácil que recibieran la ayuda de una dios protector en momentos críticos.

Todas las historias y mitos que nacieron hace treinta y cinco siglos en una tierra privilegiada del Mediterráneo, han recorrido y dejado su huella en la historia de la humanidad a lo largo de todas sus épocas hasta nuestros días a través de libros, escultura, pintura, música... y constituyen una fuente inagotable de inspiración para el artista.

 

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