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Cuando leemos la poesía de cualquier idioma moderno, y aun en la prosa, aunque con menos frecuencia, nos encontramos con las ideas poéticas de los griegos. Aparecen, principalmente, en los nombres y hechos de los muchos dioses que para nosotros constituyen la armazón de la antigua Mitología, y que para ellos fueron los símbolos de su religión.

Dioses Griegos

Si no conocemos lo que esos nombres, tenidos por divinos, significan, perderemos mucha parte de la esencia contenida en la belleza de la literatura, el arte, tanto moderna como antigua. Por eso este capítulo está destinado a dar a conocer los más comunes nombres de esos dioses. Ellos nos revelan el pensamiento de los hombres del pasado así como su afán por descifrar la vida.

Las mentes griegas y romanas, intentaron explicarse el mundo que las rodeaba, usando su fantástica imaginación. Lo que ellos no podían entender pensaban era la obra de un dios, y aceptaron sus visiones como una religión. Los griegos dramatizaron el universo, poblándolo con una jerarquía de dioses.

Los romanos, después, hicieron lo mismo, y, posteriormente, las ideas griegas y especialmente el arte griega invadieron la mente romana, viniendo una fusión de las mitologías de estos dos pueblos: los griegos y los Latinos. Los dioses griegos y romanos que representaban ideas parecidas, fueron admitidos indistintamente. Por ese motivo frecuentemente los encontramos hablando como si fueran iguales dioses para las mismas cosas. Pero las corrientes modernas nos han demostrado que esto no es así, que entre los dioses romanos y los griegos había notables diferencias y por lo cual debemos considerarlos distintos.


Por ejemplo, la Atenea griega era aceptada como la Minerva romana; el Zeus (Dios) griego, como el Júpiter romano; Artemisa como Diana, Hera cómo Juno, y así sucesivamente a través de una larga lista de duplicados divinos. Los que estudien la Mitología, sin embargo, notarán las diferencias existentes. Como es conveniente que tengamos una noción, aunque sea ligera, de todas estas cosas, a continuación damos una idea de ellas, remarcando sus semejanzas, que son más notorias que sus diferencias. El nombre latino de los dioses es el que aparece primero, y el griego equivalente, el que va entre paréntesis.

Como el hombre antiguo tenía pocos conocimientos verdaderos que le sirviesen de guía, contaba con su poderosa imaginación para todo lo que fuese misterioso, y todavía hay mucha gente que actúa de este modo. Entre los griegos esta marginación se manifestó en bellas poesías. Poblaron el mundo con una numerosa variedad de dioses que corresponden a todas las escenas de lo bello o lo terrible del mundo, con todas las energías y procesos de la naturaleza. Ninguna estrella brilló en el firmamento; ninguna nube veló la claridad del día; ningún viento azotó a las hojas, sin que ellos vieran en su imaginación un dios para cada uno de estos fenómenos.

La Tierra, que era para ellos «Terra», la consideraban como la madre de todo lo existente y esposa del Cielo (Urano). El hombre, según ellos, era nacido de una partícula de tierra saturada con agua y vivificada por los rayos del sol; cuando moría, su venerable madre, la Tierra, lo devolvía a su seno.

En una palabra, que todas las cosas eran producto de los dioses. Esta es la síntesis del pensamiento del hombre antiguo, de la más intelectual de todas las razas del pasado, y así interpretaron el mundo y la vida. Muchos dioses estaban próximos y eran familiares, otros remotos y huraños. Los griegos concebían el Olimpo corno la más elevada montaña, situada en las inmediaciones de Macedonia y Tesalia, sobresaliendo unos diez mil pies, como la mansión de los más grandes dioses. Allí Zeus, que era el Júpiter de los romanos, tenía su palacio y presidía a todos los demás dioses griegos de su corte.
 


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