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El estudio del Primer Franquismo, como tradicionalmente se denomina a este periodo de la Historia de España entre 1939 y 1959, debe abordarse inicialmente teniendo en cuenta tres rasgos: cuáles fueron sus fundamentos ideológicos, también sus bases sociales y las familias políticas que apoyaron al régimen.

El estudio del Primer Franquismo, como tradicionalmente se denomina a este periodo de la Historia de España entre 1939 y 1959, debe abordarse inicialmente teniendo en cuenta tres rasgos: cuáles fueron sus fundamentos ideológicos, también sus bases sociales y las familias políticas que apoyaron al régimen.

Los 20 años que siguieron a la Guerra Civil española, se identificaron con un conjunto de ideologías convergentes y complementarias, que definieron claramente el ideario político del Gobierno de Franco y sus allegados, es decir, sirvieron como fundamentos ideológicos de esa recién creada dictadura personal.

Francisco Franco Caudillo

El Franquismo despreció y persiguió a los “rojos”, de los que formaban parte desde la extrema izquierda a la burguesía democrática. Por eso adoleció de un fuerte anticomunismo.

Asimismo, el Franquismo identificó democracia parlamentaria con antiespañol y con marxismo, y además la catalogó como un modelo de gestión débil, por eso, otro de sus fundamentos ideológicos fue el antiparlamentarismo.

Otra de las inspiraciones del primer periodo de la dictadura fue el nacionalcatolicismo: el Franquismo estuvo muy vinculado a la Iglesia Católica que controló la educación completamente (era titular de gran parte de los colegios, sus dogmas eran enseñados obligatoriamente incluso en la Universidad, tenía plena competencia en materia de censura y una presencia constante en los medios de comunicación).

Además, el Primer Franquismo, bebiendo de la unificación de las derechas realizada en plena Guerra Civil, hizo uso del tradicionalismo, que defendía la unidad de la Patria basándose en raíces históricas.

Por otro lado, el Franquismo argumentaba la existencia del estado español con la defensa del nacionalismo español, descalificando todo sentimiento nacional no españolista, prohibiendo el uso de las lenguas regionales y los órganos de autogobierno.

La dictadura, que se fue construyendo en plena Guerra Civil, surgió en un contexto en el que el uso del militarismo era lógico, ya que éste provocó la impregnación de la vida cotidiana de los españoles de uniformes, desfiles y símbolos castrenses.

Finalmente, se puede aludir como fundamento filosófico del Franquismo al Fascismo, porque Franco hizo uso de los símbolos, creó un único partido político, su figura, la de caudillo, era adorada y el pueblo la exaltaba, despreciaba las instituciones de poder y hacía uso de la violencia como medio de control de las masas, señas indiscutibles de cualquier régimen fascista.

El apoyo y desprecio social al régimen dictatorial, conformado desde la sublevación de Julio de 1936, fue cambiando con el tiempo. Sin embargo, durante el Primer Franquismo es acertado remarcar que las bases sociales que lo compusieron, en sentido positivo y negativo, fueron siempre las mismas.

Los grupos que se mostraron a favor del Franquismo fueron la oligarquía terrateniente y financiera, los militares y falangistas, los personajes enriquecidos con la guerra y los negocios, y las clases medias urbanas, sobre todo en el norte y en ambas Castillas.

En cambio, los grupos sociales que se mostraron en contra del Franquismo fueron los jornaleros, el proletariado industrial y las clases medias urbanas republicanas, que más que oposición directa y protestas expresaron sus disconformidades en la sombra por la represión del régimen.

El Primer Franquismo pudo sobrevivir a los sinsabores del proceso bélico entre 1936 y 1939, gracias al apoyo directo de varias entidades políticas que denominaremos como las familias políticas del Franquismo.

A Franco, entre 1939 y 1959, le apoyaban los falangistas. Apenas tenían que ver con los miembros del partido fundado por José Antonio Primo de Rivera. Simplemente se integraban en un grupo político al servicio de Franco con varias organizaciones que dominaban la vida económica y social como el Frente de Juventudes, la Sección Femenina y la Organización Sindical.

También estaban los militares. El Franquismo se encargó de hacer del Ejército su principal instrumento de consolidación y defensa, y por tanto este grupo social, económico, defensivo y político, era imprescindible para la supervivencia del Franquismo.

Los católicos seguían sin dilaciones al régimen. Hasta la celebración del Concilio Vaticano II la Iglesia y sus miembros se mantuvieron muy cerca de Franco.

Por último, los monárquicos, a pesar de la elección de Serrano Súñer en plena Guerra Civil, apostaron por el régimen al concebirlo como temporal, a la espera de una nueva monarquía.

Evolución política:

Es correcto afirmar que el Primer Franquismo, políticamente y durante dos décadas, estuvo caracterizado en un principio por la miseria y el aislamiento internacional. Sin embargo, conforme avanzaron los años la Dictadura de Franco aumentó sus relaciones internacionales y comenzó a mostrar ciertos cambios en su forma de entender y organizar el estado. Analicemos pues, los principales hechos históricos de carácter político acontecidos.

Entre 1939 y 1959, y completando el Estado que el bando nacional forjó en la Guerra Civil, el general Francisco Franco fue institucionalizando su régimen, es decir, lo hizo oficial a través de la redacción y puesta en práctica de un conjunto de leyes orgánicas. Su elaboración era posible desde que el Decreto de Unificación, en plena Guerra Civil, le había dado potestad para publicar cualquier tipo de ley.

El Fuero del Trabajo de 1938, ley que prohibía el sindicalismo y suprimía el derecho a huelga, fue completado en 1940 con la Ley de Unidad Sindical. En ella se transfería el control de las relaciones laborales a un único sindicato de carácter vertical: “Hermandad Cristiana Disciplinada que agrupa a todos los productores españoles”. Éste se dividía en 24 ramas, según las diferentes actividades económicas, donde quedaron encuadrados de forma obligatoria todos los trabajadores asalariados y propietarios de negocios. Pertenecía al partido único, FET de las JONS, y su dirección fue confiada a los falangistas. El sindicato carecía de total capacidad para la negociación, ya que dependía directamente del Gobierno.

En 1942 se puso en marcha otra ley, la Ley Constitutiva de las Cortes, que establecía en España unas cortes, aunque elegidas por sufragio indirecto (los representantes eran nombrados por las corporaciones y el propio Franco) y que por tanto, no representaban la soberanía nacional. Su labor era completamente intrascendente ya que sólo colaboraban en la preparación de las leyes, debatían y aprobaban los proyectos legislativos del Gobierno, y aplaudían dócilmente los discursos del dictador.

En 1945 se creó una especie de declaración de derechos y deberes que reafirmaba el carácter tradicionalista y católico del sistema, el Fuero de los Españoles. Con esta ley se pretendía dar una imagen renovada y supuestamente democrática de la dictadura franquista, ya que sus tradicionales aliados, Alemania e Italia, habían perdido en la IIª Guerra Mundial. Las libertades reconocidas formalmente en este texto legislativo no pasaban de ser pura ficción, ya que nadie podía contravenir los principios del régimen y se proclamaba la lealtad a Franco como uno de los deberes primordiales de todos los ciudadanos. Además, en el Fuero se confirmaban las restricciones a las libertades de expresión y asociación, y se prohibían las ceremonias y manifestaciones religiosas públicas no católicas.

También en 1945 Franco obtuvo la potestad para convocar un plebiscito para que el pueblo aprobara directamente una ley, a través de la Ley de Referéndum Nacional.

Otro de los añadidos legales al régimen de Franco fue la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1946. Con ella, Franco definía a España como reino y hacía su cargo vitalicio, al tener la posibilidad de escoger un sucesor. Éste tenía que reunir una serie de condiciones: varón y español, mayor de 30 años, católico y fiel a las leyes fundamentales y principios del Movimiento Nacional. Obviamente, la intención de Franco con esta ley era dar continuidad a la Monarquía pero siendo él el que eligiera sucesor, rechazando entonces la línea dinástica borbónica, con título de rey pero con un sistema político autoritario y no democrático. Por todo ello Juan de Borbón, heredero de Alfonso XIII, rechazó su contenido.

La última gran ley creada en el periodo del Primer Franquismo fue la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional en 1958. Su contenido no presentaba ninguna novedad, ya que sólo reproducía una nueva reafirmación de los viejos valores doctrinales del régimen. Simplemente se trataba de un cambio de nombre respecto al partido único, FET de las JONS, que tenía un cierto matiz fascista que no casaba con las nuevas relaciones internacionales de Franco.

En el Primer Franquismo se convivió, por la intención de consolidar el régimen dictatorial tras la Guerra Civil, con la represión política. El Gobierno reprimió con extrema dureza a los prisioneros republicanos, se extendieron los campos de concentración por todo el país y los tribunales de justicia continuaron juzgando y condenando, también a muerte, a los contrarios al régimen.

La unidad aparente del régimen franquista se rompió en 1956 cuando estalló un conflicto de proporciones considerables. Se produjeron graves incidentes en la Universidad entre estudiantes antifranquistas y falangistas. De ellos derivó el comienzo de una ofensiva de los falangistas contra los católicos para conseguir más poder. El Caudillo solucionó el desaguisado entre familias políticas, obligando a salir del poder a los representantes más radicales del falangismo y acercándose a los católicos, sobre todo a miembros del Opus Dei.

En el plano internacional, la IIª Guerra Mundial, entre 1939 y 1945, afectó directamente y en distintos sentidos al Gobierno franquista.

El Generalísimo se unió a las potencias fascistas antes del estallido de la guerra. Así, en 1939 firmó el acuerdo de asociación al Eje Berlín-Roma-Tokio. Cuando la guerra estalló España quedó posicionada al lado de las potencias fascistas y por eso, en 1940, Franco y Hitler se entrevistaron en Hendaya. El encuentro fue un fracaso ya que Franco no aceptó participar en la guerra y Hitler no favoreció el aumento de la presencia española en África, como compensación por su hipotética intervención.

Pero sí acordaron el envío en 1941 de la División Azul: una unidad de voluntarios para apoyar la ofensiva de las tropas nazis contra la URSS. En 1942, coincidiendo con las primeras derrotas alemanas, Franco cambió la orientación de su régimen acercándose a los aliados. Con ello disminuyeron los alardes fascistas del Franquismo e incluso se facilitó a las potencias aliadas el uso de aeródromos españoles.

La actitud tomada por Franco al comienzo de la IIª Guerra Mundial marcó la relevancia internacional de España y sus relaciones con otros estados.

Inicialmente, las potencias extranjeras aislaron a España de la política internacional. En 1946 la ONU votó en contra de la entrada de España en sus organismos. Seguidamente Francia, Estados Unidos y Reino Unido firmaron una declaración pública sugiriendo la retirada de embajadores. Y poco después el Consejo de Seguridad de la ONU declaró al régimen español como una amenaza potencial a la paz internacional.

De esta manera España comenzó un aislamiento caracterizado por la autarquía, que agravó la situación económica alargando el hambre y la miseria, y el intento de la Dictadura por lavar su imagen apoyándose en la Iglesia en detrimento de los monárquicos, más aún cuando el hijo de Alfonso XIII, Juan, publicó el Manifiesto de Lausana (declaró su apoyo a una transición democrática).

Pero a partir de 1948 la situación internacional cambió a favor del régimen, debido al interés que el bloque capitalista tuvo en incorporar a España en la alianza anticomunista. Se firmó un acuerdo con Estados Unidos que permitió la instalación de bases norteamericanas en España aunque bajo soberanía española teóricamente (Torrejón de Ardoz, Zaragoza, Morón y Rota).

A cambio de 1180 millones de dólares en ayudas de todo tipo: asistencia técnica, construcciones créditos, excedentes agrarios, bienes de equipo, etc. La ONU levantó la recomendación de retirada de embajadores y autorizó la entrada de España en organismos internacionales. Además, se estableció un nuevo Concordato con el Vaticano, que reafirmó la alianza entre la Iglesia y el Franquismo, y se reconoció la independencia de Marruecos. Incluso en los últimos años del Primer Franquismo, España consiguió entrar en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial, y recibió la visita del presidente norteamericano Eisenhower.

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