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La sombra de una actividad conspirativa se cernía contra la IIª República en España, desde la victoria en las elecciones de Febrero de 1936 de la coalición de izquierdas conocida como Frente Popular. En distintos cuarteles se hablaba de una posible insurrección armada antirrepublicana, de la que el gobierno recién compuesto tenía ligeras sospechas pero no certezas, por lo que limitar la actividad de los probables conspiradores era difícil. El general Mola se encontraba entre los ideólogos del futuro golpe de estado.

La Sublevación militar:

La sombra de una actividad conspirativa se cernía contra la IIª República en España, desde la victoria en las elecciones de Febrero de 1936 de la coalición de izquierdas conocida como Frente Popular. En distintos cuarteles se hablaba de una posible insurrección armada antirrepublicana, de la que el gobierno recién compuesto tenía ligeras sospechas pero no certezas, por lo que limitar la actividad de los probables conspiradores era difícil. El general Mola se encontraba entre los ideólogos del futuro golpe de estado.

Por fin, el día 17 de Julio de 1936, aprovechando el caos político que vivía España por el asesinato de uno de los miembros de la Guardia de Asalto y del dirigente de la Renovación Española, Calvo Sotelo, como consecuencia de esta primera muerte, una guarnición militar, dirigida desde Canarias, se sublevó en Melilla. La situación se extendió pocas horas después a Tetuán y Ceuta. En este momento, el general Franco se trasladó de Canarias a Tetuán para ponerse de forma efectiva al mando del ejército recién sublevado. Un día después, el 18 de Julio, Queipo de Llano hizo lo propio en Sevilla, ocupando los lugares estratégicos de la ciudad. Finalmente, el día 19 el general Mola se sublevó en Pamplona. A los generales rebeldes se unieron los sectores derechistas y católicos de la sociedad española: partidos como la CEDA, Falange Española, los partidos carlistas y monárquicos, algunos nacionalistas catalanes…; los grupos sociales de aristócratas, latifundistas, empresarios y pequeños campesinos castellanos; así como el antiguo rey Alfonso XIII y su hijo Juan.

Guerra Civil Espaola

El presidente del gobierno recién elegido, Casares Quiroga, no dio importancia a los primeros conatos rebeldes en territorio español. De hecho, no tomó medida alguna, no dio instrucciones a las autoridades provinciales, ni hizo caso de las peticiones de los partidos obreros que pedían armas para iniciar una auténtica lucha. Quizás por eso y abrumado por los acontecimientos dejó el testigo a Martínez Barrio el día 18 de Julio. Éste intentó aplacar a los golpistas como el general Mola, sin conseguir su propósito, por lo que también dimitió. La situación condujo al descabezado gobierno del Frente Popular, en manos de José Giral esta vez, a convocar la movilización de sus milicias de forma tardía, que incluían al proletariado urbano, los jornaleros rurales y las clases medias progresistas, además de todos los partidos de izquierdas que integraban el Frente Popular e incluso parte de los seguidores del PNV.

La sublevación militar triunfó parcialmente. Todas las capitales de Castilla, algunas gallegas, Extremadura, Andalucía Occidental, Baleares, Canarias y las posesio-nes en el Norte de África confirmaron su adscripción al bando rebelde o nacional. También lo hicieron ciudades aisladas como Zaragoza y Granada. Por el contrario, Asturias, Cantabria, Aragón, Cataluña, Levante y Andalucía Oriental no fueron dominadas, manteniéndose fieles a la República, ni tampoco las grandes ciudades españolas de Barcelona y Madrid. El País Vasco se dividió en torno a los dos bandos. La intención de los sublevados fue, inmediatamente después, unir las zonas rebeldes de sur a norte mediante el desembarco de guarniciones militares en las costas andaluzas.



Causas de la Guerra Civil Española:

Los motivos que provocaron la escisión y el enfrentamiento entre los españoles fueron múltiples y complejos. No obstante, los tres factores principales que se encontraban en el origen de la Guerra Civil fueron los siguientes.

En primer lugar, la lucha de clases. La guerra tuvo una innegable dimensión socioeconómica. La mayoría de los propietarios, tanto los ricos como los más humildes, respaldaron al bando antirrepublicano con el propósito de defender sus intereses materiales y su modo de vida. Por el contrario, casi todos los trabajadores asalariados urbanos y los campesinos sin tierras se movilizaron a favor de la República con la esperanza de hacer realidad una revolución igualitarista, que acabara con su miseria y liquidara las diferencias sociales y materiales. Sin embargo, esta causa no debe hacer entender la guerra como una lucha de ricos contra pobres.

En segundo lugar, el antagonismo ideológico. Los españoles estaban separados por fuertes y arraigadas diferencias ideológicas que, desde hacía bastante tiempo y con anterioridad a la caída de la Monarquía, oponían y enfrentaban de forma cada vez más radical y excluyente a izquierdistas contra derechistas y a demócratas contra antidemócratas.

Por último, el conflicto armado también tuvo una dimensión religiosa, puesto que los católicos tomaron las armas para sostener sus convicciones frente a quienes pretendían reducir la influencia de la Iglesia o incluso habían declarado su disposición a exterminar al clero.

Dimensión internacional del conflicto:

Desde sus inicios, la Guerra Civil en España se convirtió en un conflicto de trascendencia internacional, de hecho, la intervención de las potencias extranjeras llegó a condicionar de forma decisiva su duración, evolución y resultado final. La guerra nació en un contexto internacional muy inestable, marcado por una tensa convivencia entre los países democráticos con los fascistas y la URSS.

Esta polarización ideológica, hasta cierto punto reflejada en los bandos que se enfrentaron en la guerra, facilitó la toma de posturas y los apoyos internacionales.

En los primeros meses de lucha comenzaron los alineamientos de los estados a favor de uno u otro bando. En general, la opinión pública internacional y el Movimiento Obrero se unieron al bando republicano, que se identificaba con la defensa de la democracia. Por el contrario, los sublevados recibieron el respaldo de los conservadores y fascistas europeos, que entendían que la República española era el primer paso para una revolución comunista.

Conforme el conflicto avanzaba, los dirigentes de los estados occidentales se percataron de que la guerra en España, tal y como se sucedían los acontecimientos, podía derivar en un conflicto mundial, por lo que decidieron crear un Comité Internacional de No Intervención. A él se sumaron 27 países, entre ellos, Reino Unido, Francia, Italia o Alemania, que se comprometieron a: permanecer neutrales respecto al conflicto español, evitar su expansión y no suministrar armas a los contendientes. La intención del Comité era positiva pero sus dictámenes no fueron cumplidos por todos sus integrantes.

Los estados conservadores y fascistas que apoyaban al bando nacional eludieron sus compromisos. Por ejemplo, Alemania prestó barcos mercantes a través de una sociedad económica creada al efecto, vendió armas a los rebeldes y envío la Legión Cóndor, una unidad de élite de la aviación alemana, además de numerosos técnicos y asesores militares. A cambio, Hitler probaba la efectividad de sus armas, obtenía una posición sólida en el Mediterráneo en contra de Francia, su enemiga desde tiempo atrás, y podía adquirir materias primas españolas.

Igualmente, Italia colaboró con los antirrepublicanos mandando 40.000 soldados, Il Corpo di Truppe Volontarie, abundante munición y material de guerra. Mussolini lo hizo por simpatía ideológica y con la intención de ganarse un aliado en el Mediterráneo. Por su parte, Portugal facilitó la llegada de armas y dirigió a 1.000 combatientes derechistas hacia España, los Viriatos. Al finalizar la guerra, Mussolini condonó la deuda española, no haciéndolo así Hitler, que fue gratamente recompensado.

El auxilio a los republicanos de parte de las democracias y la URSS no fue fácil. Reino Unido optó por no colaborar con España, porque entendía que el gobierno republicano español podría derivar en una revolución al estilo de la producida en Rusia y además no quería caldear el ambiente, muy tenso en cuanto a las relaciones con Alemania e Italia. Por eso, presionó a Francia para que tampoco lo hiciera, a pesar de que en los primeros momentos de la guerra realizó envíos de material aéreo.

Ante esta situación, el huérfano gobierno republicano pidió ayuda la URSS. Stalin entregó aviones, bombarderos, carros de combate, etc., en un intento de contrarrestar los apoyos fascistas y mantener la credibilidad de la URSS como impulsora de la revolución proletaria. Sin embargo, la principal aportación soviética fueron las Brigadas Internacionales: agrupaciones de voluntarios de izquierdas y comunistas que, con el propósito de detener el avance del Fascismo, llegaron a España desde diferentes países, hasta un total de 40.000 brigadistas.

El gobierno de la República pagó a Stalin con oro del Banco de España y consiguió así prolongar el conflicto, hasta que en 1938 el gobierno republicano de Negrín aceptó su retirada. En último lugar, hay que tener en cuenta que también fueron muchos los intelectuales que apoyaron al bando republicano: Einstein, Orwell, Huxley, Neruda, etc.


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