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El regreso de la Monarquía Borbónica y el establecimiento de un Sistema Político de Turnos marginaron en el poder a todas las ideologías, excepto a las de tendencia liberal. En consecuencia, durante el período entre 1874 y 1902, se redefinieron y radicalizaron posturas políticas opuestas frontalmente al régimen establecido.

El regreso de la Monarquía Borbónica y el establecimiento de un Sistema Político de Turnos marginaron en el poder a todas las ideologías, excepto a las de tendencia liberal. En consecuencia, durante el período entre 1874 y 1902, se redefinieron y radicalizaron posturas políticas opuestas frontalmente al régimen establecido.

Nacionalismos Espaa

A continuación describiremos los rasgos más importantes de cada una de ellas:

Nacionalismo:

El Nacionalismo es la corriente de pensamiento fundamentada en la nación, que se concibe como un conjunto de individuos unidos por vínculos geográficos, lingüísticos, raciales y culturales.

El Nacionalismo que se dio en España perseguía principalmente dos objetivos: desde el punto de vista cultural, la recuperación y recreación de la lengua vernácula y el folclore, así como la búsqueda de obras literarias antiguas y de argumentos históricos; desde el político, la autonomía y futura independencia del estado nacional.

En España existieron varias corrientes nacionalistas críticas y opuestas a los partidos turnistas:

El Nacionalismo Catalán: comenzó como un movimiento eminentemente cultural, que defendía los aspectos particulares de los habitantes de Cataluña (lengua, costumbres e historia), llamado Renaixença, y estuvo liderado por diversos intelectuales como Maragall o Almirall desde mediados del siglo XIX. Su primera manifestación práctica se produjo a partir de los sucesos de 1868, con la creación de un partido político, el Partit Republicá Democratic Federal, en plena etapa republicana, que reclamó intensamente la autonomía política de Cataluña de forma federalista, descentralizadora y autonomista.

Posteriormente, en 1891, tras varios experimentos políticos nacionalistas se creó la Unión Catalanista, cuyo secretario fue Prat de la Riba. Un año después, en 1892, se firmaron las Bases de Manresa, documento que definió los objetivos de los nacionalistas catalanes (catalán como lengua oficial, empleos públicos sólo para catalanes, plenas competencias en justicia, etc.) Finalmente, en 1901, Prat de la Riba creó la Liga Regionalista, que intentó ejercer una fuerte presión desde el no turnismo a los partidos gobernantes.

El Nacionalismo Vasco: fue una respuesta a las medidas centralistas de Cánovas del Castillo, como la supresión de los fueros vascos, y la redacción y aplicación de una nueva constitución, la de 1876, nada favorable con la autonomía vasca. Fue Sabino Arana el que con el tiempo fundó el Nacionalismo Vasco o Euskalerría, que defendía una república teocrática y patriarcal, sustentada en bases étnicas, en las costumbres y en un marcado antiespañolismo. La falta de base lingüística del movimiento hizo que Sabino Arana ocupara gran parte de su tiempo en normalizar y estructurar el euskera. El siguiente paso fue la fundación del Partido Nacionalista Vasco (PNV) en 1895. Desde 1897, la labor de difusión de dicho nacionalismo fue de varias ediciones de prensa escrita, aunque muchas de ellas perdieron fuelle con el fallecimiento de Arana en 1903.

El Nacionalismo Gallego: surgió a partir de un movimiento cultural, de carácter literario y apolítico, denominado Rexurdimento a mediados del siglo XIX. El Nacionalismo en Galicia no fue especialmente intenso, aunque poco a poco se impregnó de sentido político cuando comenzó a relacionarse el retraso económico de Galicia con su subordinación al estado español. Ocurrió a finales del siglo XIX con personajes como Brañas (elaboró un programa político centrado en las defensas forales y la descentralización) y Murguía (defendió el nacionalismo sin menospreciar la unidad de España).

Otros movimientos nacionalistas con menor protagonismo fueron el Nacionalismo Valenciano de Llombart y el Nacionalismo Andaluz de Ateneo de Sevilla.

Republicanismo:

Desde mediados del siglo XIX este movimiento político se articuló en torno a la idea de establecimiento en España de una república, es decir, un sistema político representativo y opuesto a la monarquía.

Su materialización se produjo gracias al clima de crisis y enfrentamiento que vivió Isabel II en sus últimos años como reina. Pero la experiencia fue efímera y apenas duró dos años, entre 1873 y 1874, debido a las divisiones internas entre los republicanos en cuanto a la concepción federalista o centralista de la república.

Con la Restauración los antiguos republicanos se estructuraron en distintas ideologías y partidos políticos, todos ellos nombrados anteriormente, inicialmente ilegales, que ejercieron una fuerte oposición al Sistema de Turno de Partidos de Cánovas.

Anarquismo:

El Anarquismo es una doctrina social centrada en el sindicalismo puro, que rechaza la participación política y el proceso de industrialización, defendiendo la vuelta a una sociedad agraria de pequeñas células.

Sus ideas principales u objetivos son: la defensa de la libertad y la eliminación de cualquier elemento que la coarte, como la religión (se permite a título individual) y los votos irrevocables (matrimonio y sacerdocio); y el rechazo de cualquier forma de poder, abogando por la comuna (grupo social reducido, autónomo y autogestionario).

Esta ideología también se extendió por España en los años de la Restauración, ejerciendo su presión inicialmente con la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) en 1881 (organización obrera fundada tras la legalización de las mismas por el primer gobierno del Partido Liberal de Sagasta y cuyas ideas tuvieron un profundo calado sobre todo en Aragón, Valencia y Andalucía). En 1883 tuvo lugar el golpe de estado de Mano Negra, suceso causado por la crisis social que afectaba al campo andaluz y del que se responsabilizó a republicanos y anarquistas. Esto provocó que la consideración del Anarquismo en España durante la Restauración se tornase progresivamente negativa, por eso el Anarquismo se bifurcó en dos tendencias: una, puramente sindicalista, y otra, a favor del uso del terrorismo como vía de actuación, que produjo entre otras cosas el asesinato de Cánovas del Castillo en 1897.

Socialismo:

La doctrina socialista alcanzó su máxima expresión con Karl Marx. El socialismo defiende principalmente el materialismo histórico, que argumenta que la economía es el fundamento de la historia y la infraestructura, siendo capaz de modificar con sus cambios a la política, al arte o a la religión, y la lucha de clases, que señala la existencia sólo de dos clases sociales en permanente lucha por los medios de producción, habiendo por tanto unos poseedores y otros desposeídos.

A España el Socialismo llegó con algunos miembros de la FTRE, anteriormente nombrada, que en 1871 fundaron la Asociación del Arte de Imprimir. De ahí surgió el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 1879, que destacó por la defensa de las libertades políticas, y las críticas del trabajo realizado por niños y las condiciones de los obreros en las industrias. En 1888 se produjo la fundación de la Unión General de Trabajadores (UGT), que comenzó a ligar el socialismo y el sindicalismo. A finales del siglo XIX el PSOE consiguió captar a la burguesía y a las masas obreras, aprovechando el clima de desconcierto creado por los sucesos de Cuba. En 1891 los contactos entre anarquistas y socialistas procuraron la huelga general, como recurso para hacer reivindicaciones laborales, e instituyeron el 1 de Mayo como el día del trabajo.

Sindicalismo Católico:

Fue otra de las corrientes políticas surgidas durante la Restauración. Su origen hay que situarlo en la postura que la Iglesia tomó ante el movimiento obrero con la publicación del Rerum Novarum de León XIII en 1891, que defendía la propiedad privada, la conciliación de clases, el cumplimiento de los deberes cristianos y la creación de sindicatos católicos.

En este contexto, el padre Antonio Vicent creó los Círculos Obreros Católicos en 1893 que desarrollaron un sindicalismo conciliador. A pesar de ello su difusión fue escasa.

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