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El manifiesto de Sandhurst de Cánovas del Castillo y el pronunciamiento militar de Martínez Campos en Sagunto enterraron el experimento republicano en España y resucitaron a la monarquía dirigida por Borbones. Si algo caracterizó a dicha monarquía, la de Alfonso XII primero y la de Alfonso XIII con la regente María Cristina después, fue el denominado Sistema Canovista o de Turno de Partidos, que a continuación pasamos a describir.

El manifiesto de Sandhurst de Cánovas del Castillo y el pronunciamiento militar de Martínez Campos en Sagunto enterraron el experimento republicano en España y resucitaron a la monarquía dirigida por Borbones. Si algo caracterizó a dicha monarquía, la de Alfonso XII primero y la de Alfonso XIII con la regente María Cristina después, fue el denominado Sistema Canovista o de Turno de Partidos, que a continuación pasamos a describir.

¿Qué es el sistema canovista?:

El Sistema Canovista o de Turno de Partidos fue la invención política de Cánovas del Castillo, un brillante historiador y un habilidoso político, que coincidió con la Restauración de la Monarquía Borbónica en España.

El Sistema Canovista contemplaba la existencia de dos grupos de partidos políticos. Los llamados partidos turnistas eran los partidos políticos que gobernaban alternativamente en España. Éstos ocupaban la mayoría de los escaños de las Cortes conforme a un acuerdo previo, haciendo de las elecciones una verdadera pantomima. Los partidos políticos turnistas fueron dos: Uno, el Partido Conservador liderado por Jovellar, Martínez Campos, Azcárraga, Silvela y sobre todo Cánovas del Castillo, que defendía un liberalismo aligerado seguidor de la constitución, el parlamento y la monarquía. Y otro, el Partido Liberal, liderado por Sagasta, que en principio se denominó Fusionista y que defendía un liberalismo más radical, aunque compartía con el anterior la defensa de los tres elementos citados previamente.

Por otro lado estaban los partidos no turnistas, que eran los que no gobernaban. Solamente ocupaban un número marginal de escaños en las Cortes. Dentro de los partidos políticos no turnistas existía una amplia variedad (socialistas, republicanos, nacionalistas, anarquistas, carlistas, etc.) y una doble categoría entre los legales e ilegales (sólo lo fueron en los primeros tiempos de la Restauración los de ideología carlista y republicana). Podemos destacar los siguientes: El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fundado por Pablo Iglesias, en torno al cual se agruparon los sindicatos de la Unión General de Trabajadores (UGT) y la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), que defendía los ideales del socialismo. Los nacionalistas del Partido Nacionalista Vasco (PNV), fundado por Sabino Arana, que apoyaba el nacionalismo vasco, y de la Unión Catalanista y la Liga Regionalista de Prat de la Riba, que hacían lo mismo con el catalán.

El Partido Tradicionalista de Ramón Nocedal, que atacaba al liberalismo y apoyaba la tradición, la religión católica y el carlismo. Y los republicanos del Partido Posibilista de Emilio Castelar, que defendía de manera no agresiva una república, del Partido Republicano Progresista de Ruiz Zorrilla, que también defendía una república, aunque con mayor vehemencia que en el caso anterior, y del Partido Republicano Federal de Pi y Margall, que distinguía concepciones variadas de república y buscaba un reformismo social en beneficio de la clase obrera. Los partidos republicanos terminaron fusionándose en un único partido, la Unión Republicana.

Su comienzo práctico se manifestó con el primer relevo político del Partido Conservador por el Liberal en 1881, tras la creación en 1880 de éste último, inicialmente llamado Fusionista.

Funcionamiento del Sistema Canovista:

Fueron los partidos turnistas los que participaron activamente en la acción gubernamental durante este período. Para llegar a establecerse de forma alternativa en el gobierno había un proceso complejo. Así cuando un partido experimentaba el desgaste de su gestión o cuando los líderes políticos consideraban necesario un relevo en el disfrute del poder, se sugería a la Corona el nombramiento de un nuevo gobierno. El nuevo presidente era siempre el líder del partido, hasta entonces en la oposición, y recibía, junto con su nombramiento, el decreto de disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones.

Entonces actuaba su Ministro de Gobernación que fabricaba los resultados electorales desde el llamado encasillado del Ministerio, adjudicando escaños a partidarios o adversarios en función de los acuerdos que se pactaban con la oposición. A continuación, se procedía a manipular las elecciones a través de una extensa red de caciques y autoridades repartidas por todo el país. Dado el analfabetismo generalizado y el férreo control que los caciques y notables ejercían sobre los pueblos, conseguir el resultado pactado era bien sencillo. De esta forma se obtenía, invariablemente, una holgada mayoría para el partido aspirante.

Los partidos no turnistas, en cambio, mantuvieron una posición minoritaria y marginal en las Cortes a lo largo de este tiempo, aunque progresivamente ganaron adeptos y aumentaron el tono de sus críticas hacia los turnistas. Sus miembros no consiguieron ocupar los primeros escaños de las Cortes.

Principal aportación del Sistema Canovista: Constitución de 1876:

La Constitución de 1876 definió un nuevo régimen político en España, el de la Restauración.

El texto fue elaborado por las Cortes Constituyentes, presididas por Alfonso XII y a propuesta de Cánovas del Castillo. Éstas fueron elegidas por sufragio universal, tal y como establecía la constitución anterior, la de 1869, pero los resultados fueron manipulados para asegurar una amplia mayoría a los candidatos al gobierno (Cánovas del Castillo y los liberales conservadores).

La nueva constitución constaba de 89 artículos en los que se establecía que los sujetos de soberanía eran el Rey y las Cortes, que éstas eran también bicamerales y estaban integradas por dos cámaras (una Alta o Senado, que componían senadores por derecho propio, designación real o elegidos, y otra Baja o Congreso de los Diputados, cuyos miembros eran elegidos por sufragio, que podía ser censitario o universal según el momento) y además no existía separación entre los poderes. Así, el ejecutivo era ejercido por la Corona a través de los Ministros y el Jefe de Gobierno, el legislativo residía en las Cortes, aunque el Rey, debido a que la soberanía era compartida, podía vetar sus decisiones a razón de una por legislatura, y el judicial mantenía casi una total independencia y la unidad de códigos.

Respecto a la declaración de derechos y deberes, sus disposiciones no distaron mucho de lo que ya estableció la Constitución de 1845, por eso se restringieron particularmente los derechos de imprenta, expresión, asociación y reunión.

En cuanto a la religión, se reconocía la confesionalidad católica del estado. También existía una ambigua libertad de creencias que permitía otros cultos, pero pedía expresamente que éstos se ajustasen a la moral católica y no hicieran manifestaciones públicas de sus dogmas. Su carácter, por tanto, fue eminentemente conservador.

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