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Cuando Fernando VII murió en Septiembre de 1833 permanecía en vigor el Decreto que anulaba a aquél que a su vez derogaba la Pragmática Sanción de 1830, por lo que la Ley Sálica quedaba inoperante y su hija primogénita, Isabel, se convertía en reina de España. La hija de Fernando era menor de edad, sólo tenía tres años cuando falleció su padre, por lo que el poder fue transferido a su madre, María Cristina de Borbón, que ejerció el gobierno en calidad de regente. Después lo haría el general Espartero.

Cuando Fernando VII murió en Septiembre de 1833 permanecía en vigor el Decreto que anulaba a aquél que a su vez derogaba la Pragmática Sanción de 1830, por lo que la Ley Sálica quedaba inoperante y su hija primogénita, Isabel, se convertía en reina de España. La hija de Fernando era menor de edad, sólo tenía tres años cuando falleció su padre, por lo que el poder fue transferido a su madre, María Cristina de Borbón, que ejerció el gobierno en calidad de regente. Después lo haría el general Espartero.

La regencia de María Cristina (1833-1840), sus datos biográficos:

María Cristina de Borbón procedía de Palermo (Sicilia) y era hija del rey de Nápoles Francisco I. En 1829 casó con su tío Fernando VII y resolvió el problema sucesorio al tener una hija, Isabel. A continuación los datos políticos: al ser Isabel menor de edad a la muerte de su padre María Cristina tuvo que ejercer el poder como regente durante un período de tiempo bastante largo que estuvo plagado de acontecimientos.

La primera guerra Carlista (1833-1840):

Fue el conflicto desatado entre dos bandos: Los partidarios de Isabel II y la regente María Cristina, también llamados isabelinos, liberales o cristinos. En este grupo se incluían individuos que profesaban distintas ideologías que luchaban contra un enemigo común, el Absolutismo más radical. Eran generales del ejército, eclesiásticos de rango, funcionarios, burgueses dedicados a negocios, intelectuales, clases urbanas, obreros industriales, etc. Y los carlistas o realistas que apoyaban a su tío Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII. De éstos formaban parte los absolutistas más intransigentes que reclamaban el derecho sucesorio masculino y la alianza Iglesia-Estado y eran principalmente miembros de la nobleza, la administración, el ejército, el bajo clero y algunos campesinos y artesanos.

La principal causa del conflicto fue la oposición al gobierno isabelino de Carlos María Isidro que no aceptó la regencia de su cuñada María Cristina en espera de la mayoría de edad de Isabel II, publicándolo en su “Manifiesto de Abrantes” (1833) en el que se intitulaba legítimo heredero con el nombre de Carlos V. Ante estas circunstancias la guerra civil tardó poco en producirse.

Los hechos más relevantes del enfrentamiento fueron: La victoria del gobierno en Mendigorría: Zumalacárregui que dirigía la insurrección en las Vascongadas se enfrentó a Luis Fernández de Córdoba que venció. La expedición real: los carlistas se plantearon llegar a Madrid y lo consiguieron, pero al final por razones desconocidas decidieron retirarse. La convención de Vergara (1839): fue el documento firmado entre Maroto, dirigente carlista, y Espartero, liberal, que reconocía el derecho de Isabel como reina de España. Esto aumentó considerablemente la división interna de los carlistas. Los firmantes carlistas de dicho documento consiguieron así el mantenimiento de sus fueros. El conflicto finalizó con la derrota de Berga a los carlistas que no habían firmado la convención de Vergara en 1840.

Las consecuencias de la primera guerra Carlista se dejaron sentir en el norte de España, donde la muerte, la destrucción y el hundimiento de la economía fueron la tónica dominante. Además se produjo una importante separación ideológica entre carlistas y el resto que ha permanecido a lo largo del tiempo.

La promulgación de nuevas constituciones: el hecho de que en las Cortes se alternasen diferentes opciones políticas posibilitó que fueran distintos los códigos legales según el momento:

Inicialmente, se promulgó el Estatuto Real (1834): fue establecido por decreto por la regente María Cristina influida por el liberal Martínez de la Rosa. Constaba de 50 artículos en los que se establecía que su sujeto de soberanía era el rey, las cortes eran bicamerales (próceres del reino y procuradores del reino) y no existía separación de poderes. Tenían un carácter conservador.

Después, se volvió a reestablecer la Constitución de 1812 (1836): a cargo de Istúriz, también liberal moderado, se puso de nuevo en vigor la primera constitución, debido a las intensas revueltas de los liberales radicales que obligaron a que la reina jurase dicho código (motín de la Granja de 1836).

Finalmente, ante la falta de operabilidad de la de 1812 se elaboró una nueva, la de 1837: fue redactada por las Cortes Constituyentes (liberales progresistas con José María Calatrava) y constaba de 77 artículos en los que se remarcaba que el sujeto de soberanía era la nación, las cortes eran bicamerales (senado y congreso de los diputados) y reconocía la colaboración de los poderes. Tenía un carácter progresista.

La estructura administrativa en provincias: el territorio español volvió a renovarse administrativamente gracias al proyecto de Javier de Burgos de 1833, muy similar al actual, del que derivó la aparición de los gobernadores civiles y la organización judicial en audiencias.

Las reformas económicas de Mendizábal:

Consistieron básicamente en una desamortización de los bienes eclesiásticos a través de dos decretos: El de 11 de octubre de 1835: con él se suprimían las órdenes religiosas cuyos bienes pasaban al estado. El de 19 de febrero de 1836: con él:

Se declaraba la venta en pública subasta de todos los bienes de las órdenes religiosas extintas.

También se regulaba la forma de pago mediante dos procedimientos: títulos de deuda pública y en metálico.

Supusieron:

3.500 millones de reales para el estado y que urbanísticamente muchos de los conventos y bienes eclesiásticos fueran reutilizados como cuarteles y edificios públicos o derribados. Así como, un enfriamiento en las relaciones con la Iglesia, hasta el punto de que se produjo una ruptura entre España y Roma.

La revolución de 1840: el hecho de que desde 1837 se sucedieran en el poder individuos de corte liberal muy moderada e incluso conservadora provocó que los liberales progresistas como Espartero presionaran a la reina, que finalmente disolvió las Cortes, nombró un gobierno de carácter progresista presidido por Ferrer y se exilió a Francia en 12 de octubre de 1840.

La regencia de Espartero (1840-1843):

Primero analizaremos sus datos biográficos: Espartero procedía de Granátula de Calatrava (Ciudad Real) y fue general en la primera guerra Carlista defendiendo las ideas liberales progresistas en el bando cristino. A continuación los datos políticos: fue la reina María Cristina con su marcha a Francia la que dejó la vía libre para que Espartero, después de la presión ejercida en los últimos años de la década de los 30, fuese el segundo regente de Isabel II. Su política estuvo marcada por los siguientes asuntos:

La oposición política: los liberales estaban claramente desunidos y prueba de ello fue que los exaltados o progresistas como él no comulgaban con su forma de hacer política y los moderados incluso se unieron para un eventual golpe de estado en 1841.

Las revueltas en Cataluña (1842): vinieron determinadas por la política excesivamente librecambista de Espartero, que quiso firmar un tratado de libre comercio con Inglaterra que hubiera afectado a la industria textil catalana, y adquirieron tintes republicanos. Fueron duramente reprimidas.

La crisis de 1843: la renovación de las Cortes en 1843 provocó la conformación de un parlamento opuesto en su mayoría al regente y lógicamente pronto se produjeron levantamientos militares (Prim en Reus, Serrano en Barcelona, Narváez que marcho hacia Madrid), que terminaron con la huida de Espartero a Inglaterra ese mismo año. Para evitar de nuevo un periodo de regencias plagadas de problemas, las Cortes decidieron declarar a Isabel II mayor de edad con sólo 13 años.

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