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En la historia de los Sordos y su educación, pocas personas generan tantas discusiones y desencuentros como el español Juan Pablo Bonet, quien es recordado hoy por la publicación, en 1620, del libro Reduccion de las letras y Arte para enseñar a hablar los Mudos.

Juan Pablo Bonet

Ese libro, un tratado clásico en el que afirmaban basar su trabajo la mayoría de los primeros maestros oralistas, y que parece haber sido una obra de consulta recurrida del Abad Charles Michel de l´Epée, conoció una gran difusión en los siglos XVIII y XIX, y fue traducido y publicado en varias lenguas europeas. Incluso existe una reedición reciente del libro, hecha en España en 1992.
 
La publicación de Juan Pablo Bonet contenía no sólo uno, sino más bien dos libros: el más extenso de ellos es un tratado de Fonética castellana, y el segundo, una serie de instrucciones acerca de la enseñanza del habla a los “mudos”. Este segundo tratado es el origen de las discusiones acerca de nuestro personaje, pues se afirma que las ideas planteadas allí no se deben a él, sino que Pablo Bonet en realidad plagió los métodos de trabajo de quien es considerado el primer maestro español de sordos, Pedro Ponce de León.



Acerca de la vida de Juan Pablo Bonet:

Nuestro personaje nació alrededor del año 1573 (la fecha exacta no se ha podido determinar), en El Castellar, una población ubicada en las cercanías de Zaragoza. “Juan” era el nombre, y su apellido, “Pablo Bonet”. Cuando tenía 7 años, debido a la muerte de su madre, se mudó a Madrid, donde residió la mayor parte de su vida. A partir de 1603 comenzó a trabajar como secretario de oficiales del ejército español, lo que inició en el entonces enclave español de Orán (hoy territorio argelino).
 
En 1607, a sus treinta y cuatro años, regresa Juan Pablo Bonet a Madrid desde África, se casa con Mencía Ruicerezo (con quien, en 1616, tuvo un hijo, llamado Diego), y entra al servicio del Condestable de Castilla, Juan Fernández de Velasco, de nuevo como secretario. En esos años debió recibir el título de  «Valet Servant », un reconocimiento palaciego de bajo rango que se añadía, como otros títulos, al nombre. Incluso así aparece el nombre de nuestro personaje en las portadas de su libro de 1620: “Juan Pablo Bonet Barletserbant” (ver la portada del libro, más abajo). De allí que algunas biografías de Juan Pablo Bonet le sumen ese título al nombre, como si fuera un apellido más.
 
Juan de Velasco murió en 1613, pero Pablo Bonet continuó en la casa, ahora como secretario del hijo de Juan, Bernardino Fernández de Velasco, nuevo Condestable.
 
En esa labor continuó hasta 1618, cuando recibiera, de manos de la viuda de Juan de Velasco, el nombramiento de administrador (“contador”) de la casa familiar, y de manos del rey, el cargo de “Administrador General de las cuentas tocantes a la renta y servicio del montazgo de los ganados del reino, pertenecientes al Rey N. S.”.
 
En 1620, todavía en casa de los Velasco, publicó Bonet el libro Reduction de las letras…, dedicado al Rey de España, y motivado, como afirma el fraile M. Mola, uno de sus censores, por el provecho espiritual de los mudos, que mediante este arte y libro pueden gozar y usar de los sacramentos de la iglesia.
 
Como por la utilidad que para la enseñanza común de las demás materias no menos curiosas de que trata (Bonet 1620, folio VI) Dos años después, en 1622, Juan Pablo Bonet abandonó la casa de los Velasco para convertirse en Secretario del Rey Felipe IV. En esas labores tuvo también una activa figuración como diplomático. Similares ocupaciones mantuvo hasta su muerte, acaecida en 1633.
 
Como vemos, Juan Pablo Bonet fue fundamentalmente un burócrata al servicio de gentes muy poderosas, que ocupó toda su vida cargos de alta influencia política.
                   
Hoy se le suele recordar, sin embargo, por la sola virtud del libro que publicó acerca de la educación de los sordos, que no es poco. El libro de Juan Pablo Bonet Como escribí antes, su libro es principalmente un tratado de Lingüística castellana.
 
Tomás Navarro, por ejemplo, considera a Juan Pablo Bonet un pionero de los estudios fonéticos de nuestra lengua (Tomás Navarro 1932). Ese mérito le es reconocido aparte de su intención pedagógica con los sordos.
 
El libro comienza con una larga lista de autorizaciones eclesiásticas, recomendaciones de notables, dedicatorias e incluso un poema de Lope de Vega al autor. La primera parte del trabajo, que dedica un capítulo entero a la etimología de la palabra “letra”, es, entre otros variados temas, un enjundioso tratado sobre fonética castellana (que se desarrolla con la idea de que se usará más adelante para enseñar a hablar a los mudos).
 
Portada de Reduction de las letras… (1620) La segunda parte del libro es propiamente el Tratado “para enseñar a hablar a los mudos”. En él argumenta su autor sobre la “reducción de las letras”, y desarrolla la idea de que los valores sonoros de las letras del alfabeto latino usado entonces en España podían ser “reducidos” a un valor constante, es decir, el más general de sus valores. El sonido de la letra “ene”, por ejemplo, se reduce a su valor fonético [n].
 
Según Juan Pablo Bonet, este sencillo razonamiento permitiría que cualquier persona aprendiera a escribir sin dificultades ni aburrimiento. El método era primeramente para oyentes, pero podría ser usado con los sordos si se usaban las señas de un alfabeto manual (que ilustra el libro, publicado por el monje español Melchor S. de Yebra), y siempre y cuando estos sordos no tuvieran dañada la lengua.
 
 
¿Juan Pablo Bonet, maestro de sordos?:
 
Las notas biográficas que he leído acerca de Juan Pablo Bonet (ver abajo, por ejemplo, Gascón Ricao 2006, Gascón Ricao y Storch de Gracia 2004, Günther 1996, Ruiz Berrío 1991, Lane 1984) afirman algunas cosas disímiles acerca del trabajo de nuestro personaje como educador de sordos.
 
Todas las versiones coinciden en decir que en la familia de los Velasco habían nacido ya para entonces, y durante algunas generaciones continuas, varias personas sordas.
 
En la primera de esas generaciones encontramos que cuatro de los siete hijos de Juan Sánchez de Velasco, Marquçes de Berlanga y hermano de Pedro Fernández de Velasco, el V Condestable) eran sordos. Todos ellos, aparentemente nacidos después de 1540, habían sido educados por el fraile Pedro Ponce de León (1500‐1584)
(cfr. Günther 1996).
 
El segundo hijo de Juan de Velasco (el patrón de Juan Pablo Bonet), llamado Luis (1610 ‐1664) era también sordo, y nació cuando Pablo Bonet llevaba ya tres años al servicio de la familia.
 
Según Gascón Ricao y Storch de Gracia (2004), luego de la muerte de Juan de Velasco, Juan Pablo Bonet habría sido comisionado por la viuda de Juan, doña Isabel, para gerenciar la educación del niño sordo. Mientras se desempeñaba en ese trabajo, e irritado por la «picaresca de los desmutizadores» de ese tiempo, se había puesto a escribir su famoso libro.
 
Entonces aparece en la historia otro personaje, Manuel Ramírez de Carrión. Este hombre asumió, parcial o totalmente (las versiones difieren), la tutoría de Luis. Los historiadores difieren acerca de si Ramírez de Carrión fue contratado por Juan de Pablo Bonet para ese trabajo (Lane 1984:94) o si fue llamado a esa labor por la familia Velasco, y estaba en esas antes que Bonet se enrolara en el proyecto (Ruiz Berrío 1991).
 
Otros autores van más lejos aún y afirman incluso que Pablo Bonet nunca tuvo directamente una relación con el trabajo de educar a Luis. Según Lane (1984:93), Juan Pablo Bonet consiguió, gracias a las influencias de la familia Velasco, un manuscrito dejado en la biblioteca del monasterio de Oña por Pedro Ponce de León, en el cual el monje, unos cuarenta años antes, había escrito sus métodos de trabajo con los primeros Velasco sordos.
 
Lane continúa afirmando que, con ese documento en las manos, Pablo Bonet contrató a Ramírez de Carrión para que pusiera en práctica los consejos del monje con el joven Luis, y luego, añadiendo varias partes de su propia inspiración, publicó el trabajo de Ponce de León como suyo. Günther (1996:112), basándose en Werner 1932, otro autor alemán, se hace eco de la misma idea y acusa directamente a Juan Pablo Bonet de “plagiario”.
 
Todas las versiones acerca del plagio de Juan Pablo Bonet son negadas con vehemencia, echando mano a todos los documentos conocidos, por Gascón Ricao y Storch de Gracia (2004): ellos, en su libro sobre la educación de los Sordos en España, afirman que todas las versiones publicadas hasta ahora sobre la vida de este personaje adolecen del mismo problema: en lugar de hurgar en los documentos históricos, se han limitado a citarse unas a otras, y a repetir los mismos desaciertos sin fundamento.
 
A partir de una exhaustiva revisión en archivos y bibliotecas de la época, estos dos historiadores concluyen que no hay evidencias de que Juan Pablo Bonet fuera el maestro de Luis de Velasco; y que aunque no revela el origen de las recomendaciones que hace para enseñar a los sordos (buena parte de su trabajo es en realidad un método de enseñanza de la lectura a niños oyentes, y en esa parte sí revela y cita abundantes fuentes), tampoco se atribuyó su autoría.
 
Sin embargo, hay que reconocer que Juan Pablo Bonet cae en sospecha debido a su reticencia a nombrar a maestros de sordos anteriores o contemporáneos a él, y debido también a que nunca, ni antes ni después de la publicación del libro, evidenció tener entre sus (pre)ocupaciones la pedagogía para sordos.
 
Según ello, entonces, Juan Pablo Bonet no fue maestro de sordos: simplemente escribió una obra al respecto. Es decir, que podría otorgársele el rol de pedagogo, al haber teorizado sobre un tema educativo, pero no se le puede en rigor calificar de maestro.
 
 
Dónde estaba el mérito del libro:
 
Debe decirse que el libro es bastante poco útil como guía pedagógica, y que discurre mayormente sobre temas que no son los que espera encontrar el maestro de sordos.
 
El mérito que sí hay que reconocerle a Juan Pablo Bonet es haber sido el primero en publicar un libro (suyo o ajeno, da igual aquí) acerca de un tema controversial en un momento en que había interés en él: ¿pueden los sordos ser educados? Los intelectuales europeos de aquel tiempo consideraban que los sordos eran ineducables.
 
Basándose en una lectura de Aristóteles, según la cual el habla era el vehículo exclusivo del pensamiento, concluían que los sordos, privados del habla, no podían llegar a desarrollar el pensamiento, con lo que permanecían en un estado natural similar al de los animales. Los médicos, por su parte, eran de la opinión de que los intelectuales se equivocaban en su creencia, pues la causa de la mudez era exclusivamente una relación cerebral entre el sentido del oído y los músculos que movían la lengua y la boca para hablar.
 
El libro de Juan Pablo Bonet cuestionaba todas esas aserciones, y planteaba que los “mudos” lo eran solamente por no ser atendidos con un método adecuado, y que su libro daba las claves acerca de cómo hacerlos hablar.
 
En el caso de los sordos, Pablo Bonet recomendaba que debiera prohibírseles a los niños el uso de señas, y se les debería hablar exclusivamente por medio del alfabeto manual, mientras aprendían a leer y escribir. Con esa idea, se convierte en el primer autor conocido de un tratado oralista, y es considerado como adalid y 4 J.G. Storch de Gracia me ha llamado la atención en este punto, afirmando que Aristóteles nunca dijo que el habla ("phoné", significante) fuera vehículo exclusivo del pensamiento ("logos", significado), sino uno de ellos. Comunicación personal en noviembre de 2006.
 
Precursor de los métodos oralistas puros. No gratuitamente, es después del Congreso de Milán (1880) cuando alcanzó Juan Pablo Bonet su dimensión universal, luego de que se hicieran y publicaran reediciones y traducciones de su libro en varios países europeos.


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