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Sir Almorth E. Wright, era el maestro que transmitiría a Fleming valiosos valores científicos y le daría absoluta libertad a la hora de investigar, permitiendo con ello el desarrollo científico del considerado “padre de la revolución antibiótica”.

 

Natural de Yorkshire (1861), era hijo de un pastor protestante crítico acérrimo de la Iglesia católica; su madre era sueca e hija de un profesor de química del Instituto Médico Quirúrgico Karolinska. Wright hizo gala de poseer, desde muy temprana edad, una prodigiosa memoria, y se vanagloriaba de memorizar poesía y párrafos enteros de la Biblia.
 
En 1878 Wright ingresó en el Trinity College de Dublín para estudiar lenguas modernas, y en cuatro años se graduó hablando francés, alemán y español, así como las lenguas clásicas latín y griego. Su capacidad de trabajo era extraordinaria y, al mismo tiempo que realizaba sus estudios lingüísticos, estudiaba medicina, decantándose finalmente por el ejercicio profesional de esta última.

Una vez licenciado realizó estancias en centros de investigación de Alemania y Francia, llegando a trabajar en Leipzig junto al gran fisiólogo K.F.W. Ludwig. Sus primeros trabajos estuvieron dirigidos al estudio de la coagulación de la sangre, en colaboración con L.C. Wooldridge.


En 1887 comenzó a desarrollar su labor en el Departamento de Patología de la Universidad de Cambridge, y posteriormente en el Departamento de Fisiología. Tras una corta estancia en la universidad de Sydney volvió a Inglaterra y fue cuando, en 1892, empezó a trabajar en la Escuela Médica del Ejército en el Real Hospital Victoria Netley, iniciando entonces su carrera como bacteriólogo.


En esa época comenzó a pensar en diferentes aspectos relacionados con la inmunidad, ya que conocía los trabajos pioneros de Pasteur, Metnickoff, Koch y Ehrlich (Tabla 1), y a gestar la idea central de sus futuras investigaciones: el tratamiento de las enfermedades infecciosas con vacunas. Además, desarrolló micrométodos tales como los capilares para la obtención de sangre.

En Alemania, Grube, Pfeiffer, Kolle y Widal demostraron en 1896 que el suero de los pacientes con fiebre tifoidea producía aglutinación del bacilo in vitro. El test de Widal se convirtió en la prueba clásica para los antígenos tíficos y paratíficos, y Wright advirtió que el suero de enfermos de fiebre de malta tenía sólo anticuerpos frente a Brucella melitensis y junto con el capitán F. Smith (1897) desarrolló un micrométodo para su diagnóstico.

Wright conoció los experimentos de Pasteur realizados en 1881, en los cuales ovejas y vacas vacunadas con Bacillus anthracis atenuado se inmunizaban frente a la enfermedad. Wright decidió inmunizarse contra la brucelosis inyectándose B. melitensis muertos, pero se equivocó y se inoculó cepas vivas, lo que le ocasionó un proceso brucelósico que le tuvo enfermo durante varios meses.

En Alemania, Pfeiffer había observado que Vibrio cholerae se aglutinaba y lisaba al ser mezclado con el antisuero adecuado; Haffkine, que trabajaba con Metchnikoff en el Instituto Pasteur, le sugirió que podría utilizarse el mismo método para la fiebre tifoidea, y que sería la base para prevenir la enfermedad con una vacuna.

Wright decidió trabajar con la inmunización frente a la fiebre tifoidea e inoculó subcutáneamente cantidades medidas de bacterias muertas por calor y fenol en voluntarios humanos. En un trabajo publicado en 1897, Wright y Sample fueron los primeros en provocar inmunización activa frente a la fiebre tifoidea en humanos. Wright basaba su método en la medición de la dosis de bacterias muertas que inyectaba, luchando denodadamente para defenderlo ante las autoridades. Sin embargo, no fue hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial cuando el ejército británico se vacunó de la fiebre tifoidea, ya que se había administrado parcialmente en la Segunda Guerra Boer (1899-1902) y los resultados fueron muy controvertidos.

A los 41 años, Wright estaba decepcionado con el ejército y el 17 de noviembre de 1902 comenzó a trabajar como patólogo y bacteriólogo en la Escuela de Medicina del Hospital de Santa María. Fue bien recibido por su reputación como científico y como profesor, y el hospital ahorraba dinero al desarrollar una sola persona dos funciones diferentes.

Wright aceptó el trabajo porque creía que la investigación clínica debía hacerse en un entorno hospitalario, aun teniendo que trabajar en una pequeña habitación al lado de la de W. Willcox, patólogo químico, y con el ruido de los trenes que pasaban por las proximidades.

El capitán S.R. Douglas, compañero de Netley, se unió a sus primeros trabajos en el Hospital de Santa María. Con una gran destreza manual realizaba muchas de las micropipetas y cápsulas que Wright diseñaba. Juntos resolvieron conflictos entre las teorías de la inmunidad humoral y celular, y mostraron que los fluidos del cuerpo modifican las bacterias para facilitar la fagocitosis. Wright lo denominó “fenómeno opsónico”, y a los factores que lo producen “opsoninas”, calculando además el denominado “índice opsónico” para medir la resistencia del paciente a la infección.

Por otra parte, seguía trabajando en la mejora de la vacuna tifoidea, y en 1906 su amigo Lord Haldane, Secretario de la Guerra, deseaba apoyarle para aplicar la vacuna tifoidea, pero no logró convencer a los servicios médicos del ejército. No obstante, decidió convertirlo en una figura pública y fue investido como caballero en 1906, recibiendo el título de Sir, y después fue nombrado Director del Departamento de Inoculación Terapéutica, que se denominó “el Departamento de Inoculaciones”.

Comenzó a vender vacunas y establecer conexiones con la industria farmacéutica, mejorando sustancialmente la distribución de las vacunas y la situación económica del departamento. En 1909 se trasladó desde el Departamento de Inoculaciones al ala del Clarence Memorial, donde Fleming descubrió la lisozima en 1921 y la penicilina en 1928.

Wright dirigía el Departamento de Inoculaciones con disciplina férrea: era profesor, señor y dueño. Tenía un atractivo especial sobre sus brillantes discípulos y generaba tantas filias como fobias en el ámbito social y científico. En el plano docente, criticaba el exceso de información que recibían los alumnos, abogaba por la educación continuada y previó, con lucidez, que el diagnóstico de las enfermedades infecciosas se haría por métodos exactos.

Contó con numerosos apoyos, como el de Lord Moulton, abogado y brillante matemático, que promovió la Agencia de Fondos para Investigación Médica. A tal efecto se creó un Comité de Investigación Médica que luego se denominó Consejo de Investigación Médica (MRC, Medical Research Council).

Wright consideraba que el futuro del tratamiento de las infecciones se debía apoyar en la inmunización y utilizaba mucho la frase “los fármacos son una desilusión”. Resulta paradójico que la penicilina fuera descubierta en el departamento que lideraba, ya que afirmaba que jamás sería posible la quimioterapia de las infecciones humanas. Pero también hay que señalar que la perseverancia en el método científico, su energía, su pensamiento fértil y su gran genio técnico fueron esenciales, ya que los transmitió con entusiasmo al joven Fleming y además demostró una de sus mayores virtudes: permitir a sus discípulos una libertad absoluta en la investigación.

Como científico, Wright contaba con una sobrada capacidad para el trabajo respaldada por un legado de sumo interés; sin embargo, en estas líneas queremos destacar su papel como maestro de Fleming, guiando sus primeros pasos en el trabajo científico y propiciando que descubriera, finalmente, la penicilina.

A pesar de las mejoras introducidas por Wright, el trabajo en el Hospital de Santa María se encontraba con numerosas dificultades. Así, cuando Fleming comenzó a trabajar en él, las condiciones del hospital eran deplorables; aunque el Departamento de Inoculaciones de la calle Praed era ligeramente mejor que el anterior, su compañero R. Hare refirió que el espacio era tan reducido que la privacidad era algo desconocido.

No sólo el espacio era reducido, sino también el salario, y debían realizar asistencia médica privada para mejorar sus ingresos. Wright consideraba que esto era bueno para ellos, ya que les mantenía “con los pies en el suelo”. En esa época, el equipo de investigación era algo parecido a una hermandad, ya que tenían una misión y ponían su vida al servicio de la ciencia. En muchas ocasiones la pasión por la investigación les hacía trabajar hasta el amanecer, pues esos jóvenes científicos admiraban, llenos de afecto y lealtad, a Wright. Con cierta asiduidad recibían visitas ilustres para tomar el té, entre ellos científicos como Ehrlich o Metchnikoff, políticos y autores dramáticos como Bernard Shaw, que servían para mantener e incrementar el espíritu creativo y de iniciativa del grupo.

A Fleming le encantaban esas reuniones, ya que le gustaba no tomarse en serio las cosas serias y no se molestaba cuando se burlaban de él; pero el gran objetivo del laboratorio era la investigación, no la diversión. En los ámbitos científicos, Fleming comenzó a triunfar, era diestro e ingenioso y demostraba una fidelidad ilimitada hacia Wright; lo contradecía en su presencia, pero nunca discutió sus ideas fuera del trabajo.

En definitiva, Wright constituye una figura decisiva tanto en la actividad científica del Hospital de Santa María como en la formación y vocación bacteriológica de Fleming.


Tabla 1. Raíces de la microbiología y la inmunología:
 
- 1879 Pasteur, inmunización con cultivo atenuado de cólera de gallina.
- 1882 Metchnikoff, mecanismos de defensa del huésped.
- 1884 Koch, etiopatogenia de las enfermedades infecciosas.
- 1890-1891 Behring, Kitasato y Ehrlich, desarrollo de la teoría de la inmunidad humoral.
- 1892-1899 Ivanowsky y Beijerinck, primer agente filtrable (virus).
- 1902 Wright, relación de aspectos humorales y celulares, opsoninas.


Tabla 2. Legado de Wright:
 
– Vacuna tifoidea
– Aglutinación para fiebres de malta
– Medida de fagocitosis
– Introducción de micrométodos en bacteriología
– Poder bactericida
– Índice opsónico
– Modificación del test de Widal
– Bacteriología de heridas de guerra
– Creación del Medical Research Council
– Apoyo a la educación continuada

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