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La materia inerte, sin vida, está regida por leyes físicas. Prácticamente si 'hace' algo, actúa de forma mecánica. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la trayectoria de la Tierra alrededor del Sol, con el desplazamiento de un cometa, la caída de una piedra desde lo alto de una montaña, la oxidación de los metales, etc. No sucede lo mismo con los seres vivos.

hipocrates

Ni mucho menos con la especie humana, que presenta gran diversidad de comportamientos. Si a un extraño, por ejemplo, le damos un empujón, podrían ocurrir varias cosas: enojo de esa persona, respuesta verbal airada, agresión física, indiferencia, etc. Si bien existen patrones de comportamiento, es obvio que frente a un estímulo como el descrito pueden producirse variadas respuestas. Este hecho, vinculado a la individualidad, cobra gran importancia en el campo de la salud: cada enfermo es único.
 
 
El mundo de los espíritus:

¿Qué es lo que determina que algunas personas tengan habilidades especiales? Por ejemplo, ¿que sean poetas, investigadores, científicos, notables oradores, extraordinarios futbolistas, músicos, etc.?
 
Antiguamente se creía que si alguien se salía de lo común estaba protegido, por algún espíritu personal o ángel. Los griegos llamaban 'daimon' a esos espíritus. Y esta es la raíz de la palabra demonio. Se creía que los espíritus y demonios actuaban tanto para el bien como para el mal. Así, cuando alguien enfermaba el espíritu era maligno, cuestión que parecía confirmarse si el afectado tenía alteraciones mentales y hablaba incoherencias. Nadie, decían, actuaría así en forma voluntaria.
 
Entonces, tal comportamiento se debería a "un demonio que la persona llevaba dentro”. La epilepsia, por ejemplo, enfermedad que tiene origen en el cerebro, era atribuida a la acción de un espíritu. Sabemos que un enfermo epiléptico, cuando tiene un ataque, pierde el control de su cuerpo, cae al suelo, y se convulsiona. Después recuerda muy poco de lo ocurrido. En el pasado, la gente estaba convencida que entraba un demonio al cuerpo del afectado y que ese demonio lo agitaba.  Por esta razón, los griegos llamaban "mal sagrado" a esta enfermedad.
 
 
Hipócrates y el sentido común:
 
Obviamente, mientras se creyó que la enfermedad se debía a los demonios, el tratamiento se relacionó con las formas de expulsarlos: exorcismos, conjuros y ritos. Hacia el año 400 a. de C., Hipócrates, el médico griego más importante de la isla de Cos, inserto en este contexto... creía que lo que había que hacer era tratar al paciente, sin preocuparse de los demonios. Fue el fundador de una escuela médica que subsistió durante mucho tiempo, y que, simplemente, aplicaba el sentido común para tratar a los enfermos.
 
 
Por ejemplo, sus seguidores estaban convencidos de la importancia de la limpieza, tanto del paciente como de los médicos. Eran partidarios de que el enfermo gozara de aire fresco y de un entorno agradable y tranquilo, con una dieta equilibrada de alimentos sencillos. En sus tratamientos evitaban los extremos y no utilizaban ritos mágicos. Estos médicos carecían de medicinas e instrumental, pero tenían sentido común y buenas dotes de observación.
 
Los médicos hipocráticos escribieron un tratado que sostiene que la enfermedad no se debe a los demonios. Cada enfermedad, afirman, tiene una causa natural que el médico debe descubrir. Conocida la causa, la enfermedad puede curarse, lo que sería válido, también para la epilepsia, considerada una enfermedad como cualquier otra.
 
 
El juramento hipocrático rige hasta hoy en la mayoría de las escuelas de medicina de todo el mundo.
 
La enfermedad: Es por causas naturales, los hipocráticos defienden la idea de causa y efecto, aplicándola al mundo viviente, donde está incluido el hombre. Este mundo es más complejo que el mundo inerte o inanimado y muchas veces es difícil establecer las relaciones de causa efecto. Esta doctrina que rechaza a los demonios y espíritus malignos y que es contraria a los conjuros y ritos con fines terapéuticos, le valió a Hipócrates el nombre de ‘padre de la medicina'. Con él la medicina inicia un recorrido científico. De paso, Hipócrates abría el camino para que la biología se instalara como ciencia. Por ello, también es acreedor del título de “padre de la biología". En suma, las ideas hipocráticas son sencillas pero formidables: cambiaron las bases para el desarrollo de la biología como ciencia.
 
 
El Juramento Hipocrático:

Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que este mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento. A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará de mi mantenimiento y si lo desea participará de mis bienes. Consideraré su descendencia como mis hermanos, enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos desean aprenderlo.

 

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