Isabel II, debido a la presión del Manifiesto de Manzanares y las juntas, modificó temporalmente el tono político de su gobierno en 1854 acercándose de nuevo al Liberalismo. Veamos a continuación los periodos más relevantes de su reinado entre 1854 y 1868, fecha de la Revolución Gloriosa, revuelta que abrió una fase de cambios políticos en España sin el protagonismo de ésta.
En este nuevo período del reinado de Isabel II sus colaboradores, tras los acontecimientos de 1854, fueron individuos esencialmente liberales radicales, exaltados o progresistas, entre los que se encontraba Espartero, por segunda vez, O’Donnell o Pascual Madoz. Precisamente este último creó una reformada ley de desamortización conocida con el nombre de Desamortización General de Madoz en 1855, que venía a continuar la de Mendizábal de 1836.
Básicamente correspondió con las siguientes normas:
Ello supuso:

En este nuevo período del reinado de Isabel II su colaborador por excelencia, tras los acontecimientos de 1856, fue el liberal moderado o conservador Narváez. Éste continuó con la Constitución de 1845 y un Acta Adicional, que O'Donnell implantó tras los sucesos de Barcelona y Valencia. Además se consiguieron restablecer las relaciones con la Santa Sede eliminando algunas de las disposiciones de la desamortización de Pascual Madoz. El período terminó de nuevo con una crisis, la de 1858: otra vez el enfrentamiento entre las distintas facciones liberales causó la caída de Narváez; se buscó entonces una alternativa política con la creación del partido de la Unión Liberal, un híbrido de liberales moderados y exaltados que a partir de este momento gobernarían juntos.
Desde 1858 se consiguió crear una fórmula política más o menos estable en España y esa fue la de la Unión Liberal. De la Unión formaron parte los políticos de ideología liberal tanto radicales como moderados e incluso algunos demócratas que ya tenían su propio grupo político. Realmente se creó una olla a presión cuyas ideas enfrentadas la harían estallar en un espacio de tiempo breve, pero que tuvo la suerte de mantenerse por un ejercicio político inteligente y diplomático. De todos sus miembros uno de los más destacados e influyentes fue O'Donnell. La primera tarea de la Unión Liberal fue continuar con la labor desamortizadora iniciada por Madoz en 1855, pero ajustándose a las pautas que la Santa Sede estableció en su concordato de 1851 con España. La irreal agrupación de liberales evidenció un gobierno débil y enfrentado, por lo que fueron frecuentes los pronunciamientos militares puntuales durante este período e incluso se llegó a producir un intento de golpe de estado con Sixto Ríos en Olivenza, cuya intención fue instaurar una república.
La política exterior de la Unión Liberal caminó más firmemente y España se vio envuelta en:
A partir de 1863 y con la caída del partido de la Unión Liberal el gobierno de Isabel II entró en una crisis permanente. Ningún político consiguió imponer claramente sus ideas y fueron muy frecuentes los enfrentamientos. Podemos destacar a O’Donnell, Narváez o Pando, entre otros como colaboradores de Isabel II en este último período. El fallecimiento y ancianidad de los liberales clásicos de la España del XIX ayudó a la consolidación de nuevas ideologías políticas como la recientemente consolidada democrática y una que ya empezaba a despuntar, la republicana. En este contexto gran parte de las opciones políticas españolas decidieron firmar el pacto de Ostende (1866): fue la reunión entre Prim, Sagasta y Ruiz Zorrilla, que eran individuos descontentos con la situación existente, en la que acordaron acabar con el sistema imperante a favor de la creación de una Asamblea Constituyente por sufragio universal; esto dio lugar a varios levantamientos militares duramente reprimidos por el ejército real a los que se sumaron los generales Dulce y Serrano. Dicho pacto abrió el camino para la Revolución de 1868 o “La Gloriosa”: fue realmente un golpe de estado de militares de diversas ideologías (progresistas, unionistas y demócratas, sobre todo), encarnados en los personajes anteriormente mencionados; éstos unieron a sus intenciones a parte del pueblo español iniciando una revolución que comenzó con un pronunciamiento naval en Cádiz y terminó por destronar a la monarquía borbónica de Isabel II, que huyó a Francia, momento en el que terminó “La Gloriosa”. A partir de aquí comenzó una nueva época para España caracterizada por los ensayos políticos.
Escrito por: Jose Miguel Simarro Sanchez