El segundo reinado de Fernando VII fue casi tan convulso como la época de dominio francés debido a la confluencia de varias circunstancias: la división ideológica entre los españoles, liberales y absolutistas, de la que participó el propio rey, y las discrepancias con su hermano Carlos por la cuestión sucesoria, origen de las posteriores Guerras Carlistas. A lo largo de este apartado estudiaremos las tres etapas en las que se puede dividir el segundo y largo reinado de Fernando: Sexenio Absolutista, Trienio Constitucional y Década Ominosa.
La devolución del poder a Fernando VII, el Golpe de Estado y sus consecuencias (Diciembre de 1813-Mayo de 1814):
En el mes de Diciembre de 1813 la Guerra de la Independencia se encontraba en su epílogo, como ya señalamos anteriormente, por lo que el poder fue devuelto a Fernando VII en el tratado de Valençay. Al mismo tiempo las nuevas Cortes, ya reunidas en Madrid y de carácter eminentemente conservador, conformaban el gobierno provisional en España. Cuando Fernando VII llegó a España fue acogido calurosamente por el pueblo. La intención del rey era volver a un régimen absoluto como había existido anteriormente, y la existencia de unas Cortes con tantas atribuciones frenaba ese propósito, a pesar de que en este momento las Cortes en España eran particularmente conservadoras.

Por eso la primera tarea de Fernando VII para acceder al gobierno fue protagonizar un Golpe de Estado, del que podemos destacar lo siguiente:
Y trajo como consecuencias:
Así, reaparecieron los Consejos y el tribunal de la Inquisición, se volvió a la estructura gremial, se implantaron normas propias de la sociedad estamental y se devolvieron a la Iglesia sus antiguas propiedades. Y al mismo tiempo se suprimieron las diputaciones y ayuntamientos, la nueva organización fiscal aprobada en Cádiz o la libertad de prensa. En el mes de Mayo de 1814 el rey entraba en Madrid e inauguraba una nueva época en España caracterizada por la Restauración del Antiguo Régimen.
El Sexenio Absolutista (1814-1820):
Una vez instalado Fernando VII en el poder de forma clara comenzó su gobierno absolutista, que estuvo marcado principalmente por tres acontecimientos: En primer lugar, la participación de España en el Congreso de Viena de 1815: fue una reunión de las potencias europeas que vencieron a Napoleón con el fin de restaurar los patrones definitorios del Antiguo Régimen. En dicho congreso España puso de manifiesto su escasa relevancia internacional en este momento. En segundo lugar, la existencia de una grave crisis económica:
Sus causas fueron:
Las primeras soluciones fueron planteadas por el ministro de Hacienda Martín de Garay que decidió reducir drásticamente el gasto público, suprimir las rentas provinciales y crear un nuevo sistema impositivo, basado en único impuesto que fuese proporcional a los ingresos de cada cual excepto en las grandes capitales y los puertos de mar.
En tercer lugar, su gobierno absoluto y medidas, además de la profunda crisis comentada anteriormente, provocaron una reacción social importante expresada con los denominados pronunciamientos: Que surgieron de agrupaciones de individuos descontentos con la situación política de represión de las que formaron parte intelectuales organizados en sociedades secretas o masonas, y militares y funcionarios que no recibían sueldos.
Algunas de ellas fueron:
El Trienio Constitucional (1820-1823):
Los liberales exaltados o progresistas (1822-1823):
Defendían que la revolución liberal no había finalizado y por tanto abogaban por un liberalismo radical que aunque no planteaba la supresión de la monarquía sí defendía la supremacía de la constitución, entre otras cosas. Además apoyaban el sufragio universal, la libertad de opinión, un menor énfasis en la defensa del orden social...
Entre sus representantes se encontraban Evaristo San Miguel y Flórez de Estrada.
Poco tiempo permanecieron en el poder para desarrollar actuaciones de importancia ya que Europa se alarmó: los países europeos intervinieron a través de las amenazas de la Quíntuple Alianza y la llegada de los ejércitos franceses o “Cien Mil Hijos de San Luis”, tras el acuerdo de Verona de 1822, que supuso el fin del gobierno progresista en Septiembre de 1823. Precisamente, un mes después, Fernando VII sancionó la vuelta al absolutismo en su famoso Decreto del 1 de Octubre de 1823.
La Década Ominosa (1823-1833):
La intervención francesa de los “Cien Mil Hijos de San Luis”, tras la firma del acuerdo de Verona de 1822, devolvió el matiz absolutista al reinado de Fernando VII. Éste confirmó la ideología del nuevo periodo con la redacción del famoso Decreto del 1 de Octubre de 1823.
En este periodo acontecieron como hechos históricos más relevantes los siguientes: Un fuerte aislamiento hacia al exterior debido al triunfo del movimiento revolucionario liberal en Francia en 1830, que no pudo evitar el desarrollo de actividades conspirativas puntuales en España. Hacia ellas y hacia cualquier aspecto liberal el gobierno mantuvo una posición intransigente, que provocó una auténtica “caza de brujas” durante esta etapa. Relacionado con lo anterior, la existencia de una enorme división política de los españoles: la evolución de los acontecimientos hizo que durante este tiempo se consolidasen distintos perfiles ideológicos:
Absolutistas o seguidores de Fernando VII y el Antiguo Régimen, también llamados fernandinos. Éstos creían en el orden anterior pero progresivamente fueron limando su radicalidad al mismo tiempo que el rey.
Liberales o seguidores de las filosofías de la Ilustración y el Liberalismo, que a su vez podían ser moderados y radicales o progresistas.
Y realistas o seguidores de Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, que se perfilaba como sucesor al trono debido a la falta de descendencia masculina de su hermano. Los realistas o carlistas se vinculaban a un absolutismo profundo y reaccionario, aún más restrictivo que el propuesto por Fernando VII al comienzo de la Década Ominosa. Precisamente la cuestión sucesoria marcó gran parte de esta última época del reinado de Fernando VII: su cuarto matrimonio con María Cristina de Borbón por fin le procuró la descendencia tan ansiada pero el desconocimiento del sexo del bebé planteó un problema político caracterizado por los siguientes acontecimientos:
Publicación de la Pragmática Sanción (1823): servía para derogar la ley Sálica en el caso de que la descendencia fuera femenina y alejaba toda posibilidad de que Carlos María Isidro tomase el poder.
El nacimiento de Isabel (1830): el hecho de haber nacido una niña despertó la agudeza de las distintas facciones políticas que se comportaron en función de sus propios intereses, siendo el acontecimiento más interesante la presión ejercida por los realistas y absolutistas sobre Fernando VII enfermo para que derogase la Pragmática Sanción en 1832 a través de un decreto.
La derogación del decreto que anulaba la Pragmática Sanción (1832): cuando Fernando VII se restituyó de su enfermedad decidió volver sobre sus pasos y declarar como legítima heredera a su hija Isabel que fue jurada en las Cortes de 1833, poco antes del fallecimiento de su padre.
Escrito por: Jose Miguel Simarro Sanchez