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Segundo Franquismo: Evolución socioeconómica y oposición política

A diferencia del Primer Franquismo, el Segundo, económica y socialmente, implica la puesta en marcha de un conjunto de proyectos acertados que transformaron sustancialmente la economía y sociedad españolas. A continuación, analizaremos algunos de los hechos más relevantes acontecidos entre 1959 y 1975 desde un punto de vista socioeconómico.

Evolución socioeconómica:

A diferencia del Primer Franquismo, el Segundo, económica y socialmente, implica la puesta en marcha de un conjunto de proyectos acertados que transformaron sustancialmente la economía y sociedad españolas.

A continuación, analizaremos algunos de los hechos más relevantes acontecidos entre 1959 y 1975 desde un punto de vista socioeconómico.

La cesura entre ambos Franquismos la marca el Plan de Estabilización de 1959. Fueron los tecnócratas del Opus Dei los encargados de poner en marcha dicho plan. La reforma económica tuvo como objetivos conseguir un fuerte ritmo de crecimiento, una rápida industrialización y la conexión de la economía española con la internacional. El Plan fue legalizado a través del Decreto-Ley de Nueva Ordenación Económica con el acuerdo del FMI y el Banco Mundial. Consistió en liberalizar la economía mediante la supresión de trabas burocráticas, el recorte del gasto público y la apertura al exterior. Las consecuencias dicho plan fueron inmediatas y así: La economía creció a un ritmo altísimo, basándose en el sector industrial y de servicios, y provocó un cambio sustancial en la sociedad española. Se expandió la industria gracias a los bajos salarios y a las inversiones extranjeras, cada vez más frecuentes. Se produjo una intensa emigración de mano de obra campesina hacia las grandes ciudades, que provocó el correcto funcionamiento de las industrias y el alza de salarios en el campo que a su vez impulsó su modernización. Y la balanza de pagos dejó de ser deficitaria debido al turismo, las inversiones extranjeras y las aportaciones de los emigrantes españoles que trabajaban fuera del territorio nacional.

Varios años después, en 1963, el Ejecutivo de Franco puso en marcha los Planes de Desarrollo. Éstos fueron medidas para regular el desarrollo de la economía que consistían en establecer una serie de objetivos de crecimiento en sectores clave, por tres años, mediante incentivos fiscales y ayudas estatales. De ellas derivó la creación de los Polos de Desarrollo para promocionar la instalación de nuevas industrias en zonas deprimidas, cuyos resultados fueron decepcionantes en muchos casos.

Los programas económicos del Gobierno determinaron la evolución de la sociedad franquista de los años 60, en la que se generalizaron los procesos migratorios y sus consecuentes desequilibrios.

La población española tendió a la emigración, que fue de dos tipos: La emigración a las ciudades: en busca de empleo en la industria miles de campesinos se dirigieron a Barcelona y Madrid.

La emigración al extranjero: también buscando trabajo los españoles emigraron a Francia, Alemania, Suiza y Bélgica.

Pero la emigración produjo un drama humano de enormes proporciones ya que: las ciudades españolas que les acogieron fueron incapaces de crear inmediatamente unas mínimas infraestructuras; los emigrantes que regresaron a España desde el extranjero tuvieron problemas para reintegrarse en sus lugares de origen; y se acentuaron los desequilibrios entre las grandes ciudades y los ámbitos rurales, sobre todo del sur.

Otra cuestión interesante en el análisis de la sociedad del Segundo Franquismo es el proceso de crecimiento demográfico que experimentó. De hecho, al boom económico, derivado de los programas comentados anteriormente, siguió un baby-boom de población impulsado en parte por la política pronatalista del régimen. El crecimiento demográfico no fue seguido por un crecimiento al mismo ritmo de los servicios educativos y sobre todo sanitarios, lo que provocó un retraso notable de España respecto al resto de países de Europa.

Asimismo, la sociedad española modificó sus pautas de conducta. Se puede afirmar categóricamente que la sociedad española durante el Segundo Franquismo cambió su mentalidad.

Varios aspectos coincidieron en las décadas de los sesenta y setenta que provocaron un sustancial cambio de pensamiento entre los españoles: Los contactos con el exterior y sobre todo con los turistas extranjeros, así como el propio funcionamiento de la economía y el trabajo supusieron un aumento considerable de la población activa femenina. También la televisión estatal propició un sentir y modo de comportamiento común, siempre dentro de los ideales defendidos por el régimen. Y por supuesto la llegada de los electrodomésticos y los vehículos como el Seat 600.

Debido a ellos los españoles se dividieron en torno a dos corrientes de pensamiento: los anquilosados en una mentalidad ultraconservadora que desdeñaba los cambios y los que los aceptaron de buen grado, modernizando a España y preparándola para un futuro bien distinto.

Oposición política al Régimen:

Entre 1959 y 1975 existió una oposición política al régimen dictatorial de Francisco Franco manifiestamente clandestina. Los fundamentos ideológicos, las bases sociales y las familias políticas del Primer Franquismo fueron sus principales objetivos a combatir.

Esta oposición política presenta dos dimensiones distintas en función del tiempo concreto en la que la consideramos. Podemos diferenciar entre una oposición política al Franquismo claramente atemporal y otra característica y específica del Segundo Franquismo.

La oposición política atemporal fue aquella que se manifestó permanentemente durante la Dictadura y estuvo protagonizada por los grupos político-sociales vencidos en la Guerra Civil.

En primer lugar, hay que contar con los republicanos. Al finalizar la Guerra Civil parte del bando republicano se exilió fuera de España. La zona por excelencia escogida fue Francia, pero el estallido de la II Guerra Mundial obligó a una segunda dispersión hacia América Latina o hacia países europeos beligerantes con los fascistas (muchos españoles emigrados se integraron en las filas de la resistencia a los nazis y otros en las del Ejército Rojo soviético). Los republicanos en el exilio crearon un gobierno alternativo para España en espera de la instauración de una nueva república, cuya sede estuvo en Méjico. Con el asentamiento de la Dictadura, sobre todo en el Segundo Franquismo, dicho gobierno fue perdiendo importancia.

En segundo lugar, hay que considerar a las guerrillas antifranquistas, que fueron grupos de anarquistas y republicanos que, dentro de España, decidieron conformar cuadrillas de soldados dispuestas a la lucha armada en zonas de difícil acceso. Popularmente se conocen con el nombre de maquis y fueron una reminiscencia de la Guerra Civil. Éstos aumentaron sus efectivos con la incorporación de nuevos guerrilleros en el exilio de ideología comunista a mediados de los años 40, pero la acción policial coordinada por el Ejecutivo del general Franco acabó extinguiéndolos.

Y finalmente, a los partidos políticos y sindicatos tradicionalmente de oposición. El Partido Comunista de España (PCE) fue el único que ejerció una resistencia continua al Gobierno franquista y sobre todo a partir de la renovación de su cúpula con activistas más jóvenes y dinámicos. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tuvo menos capacidad de actuación por sus divisiones internas desde un principio.

Entre los sindicatos obreros, Comisiones Obreras (CCOO) consiguió infiltrar a muchos de sus miembros en el sindicato estatal, procurando así una oposición al Franquismo efectiva, en cambio, no ocurrió así con la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) y la Unión General de Trabajadores (UGT), que apenas protagonizaron episodios de resistencia.

La oposición política temporal fue aquella que se manifestó eventualmente durante el Segundo Franquismo. Así, en los años sesenta y setenta: Se produjeron frecuentes movilizaciones de trabajadores por las dificultades que planteaba el desarrollo económico y la escasa capacidad de reivindicación que tenían. También imperó un nacionalismo periférico claramente antifranquista en Cataluña y más aún en el País Vasco, donde ETA lideró la lucha armada como medio para conseguir sus fines. Por supuesto continuaron las manifestaciones de estudiantes universitarios hasta la agonía del régimen. Así como la resistencia de ciertos sectores críticos y progresistas de la Iglesia Católica.

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