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Primer Franquismo: Evolución socioeconómica y oposición política

La situación económica y social varió considerablemente entre 1939 y 1959, el Primer Franquismo, ya que fue reflejo de los acontecimientos políticos ocurridos. La inestabilidad y el malestar de los años 40, resultado de las consecuencias de la Guerra Civil, contrastan con la adquisición de una cierta estabilidad y el respaldo financiero internacional durante la década siguiente, la de los 50.

Evolución socioeconómica:

La situación económica y social varió considerablemente entre 1939 y 1959, el Primer Franquismo, ya que fue reflejo de los acontecimientos políticos ocurridos. La inestabilidad y el malestar de los años 40, resultado de las consecuencias de la Guerra Civil, contrastan con la adquisición de una cierta estabilidad y el respaldo financiero internacional durante la década siguiente, la de los 50.

Analicemos en primer lugar, las cuestiones meramente económicas:

Se puede afirmar que los años posteriores al gran enfrentamiento, sobre todo la década de los 40, fueron especialmente duros para la sociedad española. El hambre y la miseria se apoderaron de un pueblo herido por un proceso bélico de tres años. Esta preocupante situación fue objeto de análisis por las autoridades franquistas que, optaron por poner en marcha un régimen económico de autarquía o aislamiento e intervencionismo estatal. Así se adoptaron algunas medidas que consistieron básicamente en: La limitación de las importaciones.

Con esta norma el Gobierno deseaba, ingenuamente, potenciar el desarrollo de las producciones españolas y evitar la llegada de productos desde el extranjero. La organización de la producción, comercialización y distribución de alimentos. El Ejecutivo obligaba a los cultivadores a vender toda su cosecha a un organismo oficial (para el trigo estaba el Servicio Nacional del Trigo, por ejemplo), que se encargaba de fijar los precios de compra y venta. La creación de las cartillas de racionamiento. Todos los productos de primera necesidad se racionaron entre la población para evitar el hambre y garantizar el abastecimiento.

También se fundó el Instituto Nacional de Industria. Tenía como objetivo crear un grupo de empresas estatales con capital público y gestionadas por el Gobierno en distintos sectores. Y se nacionalizaron los ferrocarriles. Se conformó la empresa pública RENFE, que se encargó de sistematizar, reparar y extender el tendido y transporte ferroviario, muy dañado durante la Guerra Civil, por toda la geografía española.

Pero las primeras iniciativas del recién compuesto Gobierno se quedaron en buenas e inocentes intenciones sin apenas efectos positivos. Es correcto destacar que un periodo de malas cosechas en los primeros años del Franquismo, una fijación de precios absurda que no tenía en cuenta los vaivenes del mercado, la falta de ética en la racionalización de los recursos, la gran cantidad de trabas que ponía el INI a la creación de industrias, etc., contribuyeron a crear una situación económica tan preocupante como la que había durante la Guerra Civil. Quizás por eso, se generalizaron las actividades económicas no regladas (mercado negro) y la corrupción, como mejores alternativas para salir de la profunda crisis.

Sin embargo, durante los años 50 España vivió una evidente renovación económica. Al iniciarse la década de 1950 el fracaso de la política autárquica e intervencionista motivó un cambio de rumbo en el modelo económico a adoptar, que coincidió con el relevo en el gobierno en 1951. Entre las nuevas normas aplicadas estuvieron una liberalización parcial de precios, comercio y mercancías, que junto con las buenas cosechas permitieron terminar con el racionamiento e iniciar una ligera expansión económica.

Además, al fraguarse un acuerdo con Estados Unidos, España comenzó a recibir ayudas económicas a partir de 1951. Aunque inferiores a las planteadas por el Plan Marshall, los 1180 millones de dólares prestados se tradujeron en créditos que, permitieron, entre otras cosas, importar bienes de equipo imprescindibles para el desarrollo industrial. De todas formas la situación de la economía española a finales de la década de los 50 no era idílica: los presupuestos y la balanza comercial eran deficitarios, y existía una fuerte inflación que entorpecía la expansión; esto produjo puntuales huelgas y protestas que hicieron al Ejecutivo plantearse sus directrices económicas; por eso, y tras las crisis económica de 1957, Franco sustituyó la cúpula de su gobierno con individuos instruidos en economía y pertenecientes al Opus Dei, los llamados tecnócratas, dando un giro radical a España.

Describamos, a continuación, cómo encajó la sociedad española la implantación del Franquismo durante las décadas de los años 40 y 50.

Es bien cierto que ni los cambios políticos ni económicos consiguieron hacer que la población española se recuperase del dolor de la Guerra Civil, que ha había sumido al país en una intensa pobreza y atraso respecto a otros estados.

Es más, la tendencia de la población española fue a la ruralización (abandono de las industrias y servicios prestados por las ciudades a favor de una vida más tranquila y accesible en el campo) y, por tanto, a un retroceso técnico, científico y cultural.

Incluso aumentaron las diferencias de clase pudiéndose diferenciar entre: una mayoría empobrecida, compuesta por campesinos, obreros y clases medias urbanas dedicadas a los servicios y al comercio; y una minoría enriquecida, gracias a la corrupción y la autarquía, que posibilitaron que la vieja oligarquía y las elites políticas franquistas mantuvieran un alto nivel de vida.

Oposición política al régimen:

Entre 1939 y 1959 existió una oposición política al régimen dictatorial de Francisco Franco manifiestamente clandestina. Los fundamentos ideológicos, las bases sociales y las familias políticas del Primer Franquismo fueron sus principales objetivos a combatir.

Esta oposición política presenta dos dimensiones distintas en función del tiempo concreto en la que la consideramos. Podemos diferenciar entre una oposición política al Franquismo claramente atemporal y otra característica y específica del Primer Franquismo.

La oposición política atemporal fue aquella que se manifestó permanentemente durante la Dictadura y estuvo protagonizada por los grupos político-sociales vencidos en la Guerra Civil.

En primer lugar, hay que contar con los republicanos. Al finalizar la Guerra Civil parte del bando republicano se exilió fuera de España. La zona por excelencia escogida fue Francia, pero el estallido de la II Guerra Mundial obligó a una segunda dispersión hacia América Latina o hacia países europeos beligerantes con los fascistas (muchos españoles emigrados se integraron en las filas de la resistencia a los nazis y otros en las del Ejército Rojo soviético). Los republicanos en el exilio crearon un gobierno alternativo para España en espera de la instauración de una nueva república, cuya sede estuvo en Méjico. Con el asentamiento de la Dictadura dicho gobierno fue perdiendo importancia.

En segundo lugar, hay que considerar a las guerrillas antifranquistas, que fueron grupos de anarquistas y republicanos que, dentro de España, decidieron conformar cuadrillas de soldados dispuestas a la lucha armada en zonas de difícil acceso. Popularmente se conocen con el nombre de maquis y fueron una reminiscencia de la Guerra Civil. Éstos aumentaron sus efectivos con la incorporación de nuevos guerrilleros en el exilio de ideología comunista a mediados de los años 40, pero la acción policial coordinada por el Ejecutivo del general Franco acabó extinguiéndolos.

Y finalmente, a los partidos políticos y sindicatos tradicionalmente de oposición. El Partido Comunista de España (PCE) fue el único que ejerció una resistencia continua al Gobierno franquista y sobre todo a partir de la renovación de su cúpula con activistas más jóvenes y dinámicos. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tuvo menos capacidad de actuación por sus divisiones internas desde un principio. Entre los sindicatos obreros, Comisiones Obreras (CCOO) consiguió infiltrar a muchos de sus miembros en el sindicato estatal, procurando así una oposición al Franquismo efectiva, en cambio, no ocurrió así con la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) y la Unión General de Trabajadores (UGT), que apenas protagonizaron episodios de resistencia.

La oposición política temporal fue aquella que se manifestó eventualmente durante el Primer Franquismo.

Así, en los años de la Posguerra o década de los 40 la fuerte represión que el Gobierno de Franco desarrolló, frenó cualquier forma de oposición al régimen, aunque sí destacaron ciertos movimientos subversivos de la CNT, el PSOE y el PCE, y algunas huelgas puntuales. Los monárquicos, con Juan de Borbón, declararon su animadversión por el régimen de Franco en el Manifiesto de Lausana de 1945, aunque por poco tiempo.

En los años 50 tuvieron lugar protestas de carácter social en las principales ciudades españolas, reclamando mejoras laborales, salariales y de condiciones de vida en general, así como manifestaciones estudiantiles, sobre todo a partir del nombramiento de Ruiz Giménez como Ministro de Educación del régimen. El nuevo clima aperturista en la educación facilitó los enfrentamientos entre estudiantes antifranquistas y falangistas. La actuación gubernamental relegó a los falangistas del Gobierno acercándose a los católicos y solventó así el problema.

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