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El Frente Popular y las Elecciones de 1936

La convocatoria de Elecciones en Febrero de 1936 pretendía poner orden en una España dividida en dos, como bien atestigua la agrupación de candidaturas. Concurrieron por un lado las izquierdas, organizadas en el llamado Frente Popular, que defendía el regreso de la legislación del Bieno Azañista, reclamaba la amnistía y pretendía eliminar las represalias para los implicados en la Revolución de 1934, y se quería restablecer las garantías constitucionales, vapuleadas en el Bienio Radical-Cedista.

La convocatoria de Elecciones en Febrero de 1936 pretendía poner orden en una España dividida en dos, como bien atestigua la agrupación de candidaturas. Concurrieron por un lado las izquierdas, organizadas en el llamado Frente Popular, que defendía el regreso de la legislación del Bieno Azañista, reclamaba la amnistía y pretendía eliminar las represalias para los implicados en la Revolución de 1934, y se quería restablecer las garantías constitucionales, vapuleadas en el Bienio Radical-Cedista.

Los partidos políticos que formaban parte del Frente Popular fueron el Partido de la Izquierda Republicana y la Unión Republicana, el PSOE, UGT y el PCE, Esquerra Republicana de Cataluña y el recién creado POUM o Partido Obrero de Unificación Marxista. Y por otro, estaban las derechas, organizadas en la coalición Bloque Nacional Monárquico y CEDA, cuyo programa se basó en la negación de una revolución, el rechazo al marxismo y la amenaza que para España suponía una victoria del Frente Popular. De la coalición formaron parte como partidos políticos obviamente el Bloque Nacional y la CEDA, manteniéndose al margen Falange Española y el PNV que criticaron su falta de programa.

Los comicios se celebraron sin incidentes de importancia, a pesar de una dura campaña electoral plagada de violencia verbal entre los candidatos. Votó un porcentaje muy alto de los censados y obtuvo la victoria el Frente Popular, gracias a su triunfo en las grandes ciudades y en las provincias del sur de España.

Conocidos los resultados de las elecciones, comenzó la tarea de formar gobierno que fue complicada. Inicialmente, sin que el Gobierno estuviera aún constituido y en el éxtasis de la victoria, los grupos de izquierda vencedores reaccionaron echándose a las calles y liberando de la cárcel a todos los detenidos en la Revolución de 1934. Poco después, Manuel Azaña, construyó un Gobierno Provisional hasta la composición de las Cortes, formado sobre todo por individuos republicanos y de izquierdas, sin participación de los miembros del PSOE. Trascurridos unos meses por fin el Gobierno se asentó definitivamente con una coalición entre el PSOE y el Partido de la Izquierda Republicana, siendo nuevo presidente de la república Manuel Azaña y jefe de gobierno Casares Quiroga, tras arduas discusiones entre los miembros del PSOE.

La acción del nuevo Gobierno establecido se fundamentó en la aplicación de las promesas electorales y así: se declaró una amplia amnistía para todos los participantes en la Revolución de 1934; se restableció el Estatuto de Cataluña y su Gobierno Autonómico, además se aprobó uno en Galicia y el del País Vasco comenzó sus trámites; se puso a los militares sospechosos de conspirar en contra de la República en puestos alejados de Madrid; y se reanudó la Reforma Agraria aunque lentamente. Esto provocó que muchos campesinos volvieran a las tierras que inicialmente se les había concedido y algunos propietarios las perdieran rápidamente sin recibir dinero por su expropiación.

Pero pronto comenzaron los problemas, que preludiaban un enfrentamiento inminente:

Por un lado, dentro del Gobierno había fisuras, ya que entre los miembros del PSOE unos eran partidarios de aliarse con el PCE y desarrollar una revolución socialista y otros compartían una ideología más moderada. Además, la oposición del Bloque Nacional, la CEDA y otros partidos de derechas, era cada vez más beligerante, siendo frecuentes los enfrentamientos entre grupos de falangistas contra socialistas, comunistas o anarquistas.

Y por otro, se iniciaron las conspiraciones militares, cuyos antecedentes hay que situarlos a finales de 1934 y 1935, cuando fueron frecuentes los contactos entre generales hostiles a la República y el dirigente de la CEDA, Gil Robles. Con la victoria del Frente Popular en las Elecciones de 1936, los antiguos conspiradores llegaron a la conclusión que la única forma de evitar una revolución socialista era un golpe de estado. Por eso comenzó a gestarse en la sombra una verdadera confabulación contra la IIª República y su Gobierno, legítimamente establecido en la primavera de 1936. Sus principales artífices fueron los políticos Gil Robles, Calvo Sotelo y José Antonio Primo de Rivera, y los militares Mola, Varela, Franco y Fanjul, entre otros. Se produjeron varios intentos: El primero, en Abril de 1936, falló por la falta de coordinación entre los golpistas. El segundo, el definitivo, se inició en Julio de ese mismo año: el secuestro y asesinato de Calvo Sotelo, líder del Bloque Nacional, por la Guardia de Asalto del Gobierno del Frente Popular (como respuesta al crimen de uno de sus compañeros a inicios del mes de Julio), unió a los generales antipopulares que comenzaron una rebelión militar en la colonia de Marruecos, dirigida por el general Franco, acontecimiento que inauguró la Guerra Civil.

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