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Evolución política del Sexenio Democrático

Desde 1863, debido a la disolución del partido de la Unión Liberal, el reinado de Isabel II se encontraba sumido en una profunda crisis política. Ninguno de los nuevos lugartenientes de la reina liberal pudo evitar la conspiración de Ostende (1866) y tampoco la Revolución de 1868 o Gloriosa, verdadero golpe de estado dirigido por militares de diversas ideologías contra la reina Isabel.

Desde 1863, debido a la disolución del partido de la Unión Liberal, el reinado de Isabel II se encontraba sumido en una profunda crisis política. Ninguno de los nuevos lugartenientes de la reina liberal pudo evitar la conspiración de Ostende (1866) y tampoco la Revolución de 1868 o Gloriosa, verdadero golpe de estado dirigido por militares de diversas ideologías contra la reina Isabel.

Por eso el año de 1868 marcó un antes y un después, ya que conformó un país, España, que comenzó a vivir en el caos político. A partir de entonces se pusieron en marcha nuevas fórmulas de gobierno que se ejecutaron como ensayos sin mucho éxito, porque la monarquía terminó regresando en 1875.

Análisis sobre las distintas fases de la evolución política durante el Sexenio Democrático que se dieron en España:

El Gobierno Provisional (1868-1870):

El primer proyecto político puesto en marcha fue lógico: un gobierno provisional. La ausencia de la reina Isabel dejó a España como un estado monárquico sin ocupante del trono, por lo que se eligió la fórmula del Gobierno Provisional en manos de Serrano como regente y Prim como su mano derecha, siempre bajo el sello del liberalismo progresista. Previamente se ordenó la disolución de los elementos de la Revolución de 1868, aunque hubo ciertas resistencias.

Seguidamente, dicho gobierno elaboró por enésima vez una constitución, la de 1869: fue elaborada por las Cortes Constituyentes (presididas por el general Serrano), constaba de 112 artículos, su sujeto de soberanía era la nación, las cortes eran bicamerales (senado y congreso), reconocía la separación de poderes y poseía un carácter progresista.

Además, se establecieron medidas económicas eminentemente liberales respecto al comercio exterior e interior, y comenzó a acuñarse una nueva moneda, la peseta.

Por otro lado, la agitación social fue a más por las exigencias de dos agentes sociales especialmente beligerantes: los republicanos, que reclamaban el establecimiento de una forma de gobierno no monárquica, y los obreros, que luchaban por mejorar sus deplorables condiciones laborales.

En el exterior, España tuvo que enfrentarse a los intentos de emancipación de una de sus últimas colonias en América, Cuba, que en principio resultaron infructuosos.

El gobierno provisional del regente Serrano terminó con la búsqueda de un rey para la monarquía española de trono desierto y éste fue Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II, rey de Italia.

El reinado de Amadeo I de Saboya (1870/71-1873):

La decisión del Gobierno Provisional de Serrano de elegir a Amadeo de Saboya como rey de España se produjo a la par del asesinato de Prim. Comenzaba así el gobierno de un extranjero en el trono que poco tenía que ver con España y que se encontraba muy lejano a la intensa conflictividad de los últimos años.

Por eso, su gobierno fue un auténtico fracaso y estuvo cargado de problemas como la oposición política a él mismo, al que se calificaba de demócrata y anticlerical por parte de: Los monárquicos borbónicos, que reclamaban que el rey fuera el hijo de Isabel II, el príncipe Alfonso. Fueron los llamados alfonsinos. Los industriales y financieros, que veían en él una forma de alentar al Movimiento Obrero. Y los carlistas y republicanos, por razones obvias.

Precisamente, éstos últimos, los carlistas, comenzaron su tercera guerra entre 1872 y 1876, siendo dirigidos por el hijo de Carlos VI, un aguerrido Carlos VII que no pudo conseguir sus propósitos.

El reinado de Amadeo I terminó con su abdicación en Febrero de 1873. Automáticamente la presión de los republicanos y de los monárquicos descontentos provocó la instauración de un nuevo régimen político en España: una república.

La Iª República (1873-1874):

La abdicación de Amadeo I de Saboya provocó la desaparición del único elemento que sostenía la demacrada Monarquía Hispánica en 1873. Era cuestión de tiempo, y en este caso poco tiempo, que se proclamase un sistema republicano en España. Por eso, los miembros de las Cortes, por iniciativa de Pi y Margall, aprobaron por amplia mayoría la instauración de una república.

La nueva estructura política que asumió el país puede ser estudiada distinguiendo dos fases consecutivas en el tiempo, según la concepción que de la República se tuvo y la ideología política imperante. Así podemos diferenciar entre: La República Federal (1873-1874):

Este tipo de república reconocía a España como un estado federado integrado por distintas unidades político-económicas, que de esta manera gozaban de una intensa autonomía administrativa. Durante el par de años que duró esta fórmula política se sucedieron en el gobierno varios presidentes y cada uno protagonizó distintos acontecimientos históricos de trascendencia para España.

Estanislao Figueras fue su primer presidente y se enfrentó a la oposición de los sectores más reaccionarios de la sociedad, es decir, los absolutistas carlistas y alfonsinos, y los liberales moderados o genéricamente denominados conservadores, que se manifestaron a través de varios golpes de estado fallidos. También tuvo que escuchar opiniones muy dispares respecto a lo que una república suponía para España: para los burgueses la llegada de la democracia, para los campesinos medidas sociales, etc. Y, además, su gobierno republicano tuvo un escaso reconocimiento internacional: sólo Estados Unidos y Suiza aceptaron la nueva forma política de España.

Harto de dirigir un país plagado de problemas y de los enfrentamientos y debates en el hemiciclo, Figueras dejó su puesto al iniciador del nuevo sistema, Francisco Pi y Margall, que se convirtió en el segundo presidente de la Iª República. Con él se elaboró una nueva constitución, la de 1873: fue redactada por las Cortes Constituyentes (partidos republicanos federales), constaba de 117 artículos, su sujeto de soberanía era la nación, las cortes eran bicamerales (senado y congreso), reconocía la separación de poderes y poseía un carácter progresista.

Por otro lado, aceptó con resignación el recrudecimiento de la Tercera Guerra Carlista en la zona norte del país, debido a la revolución cantonal y al apoyo de los franceses, y el inicio de la propia Revolución Cantonal de 1873: aprovechando las cotas de autonomía que la República concedía a las distintas regiones de España y las pésimas circunstancias de trabajo de los obreros, se produjeron ciertas revueltas de carácter independentista que pretendieron convertir parte de los territorios de Levante y Andalucía en cantones autónomos al modo suizo. Esta circunstancia obligó a la dimisión de Pi y Margall.

Fue Nicolás Salmerón quien recogió el testigo como tercer presidente y su gobierno se inició dando un giro político hacia la derecha o lo conservador, que comenzó a poner en duda la estabilidad administrativa de la Iª República Federal. Para ello contó con el apoyo del ejército, que se encargó de sofocar las revueltas de época anterior y solicitar la pena de muerte. A esto último, Salmerón respondió dimitiendo.

Por eso, Emilio Castelar fue el cuarto presidente de la Iª República y en su ejecución política amplificó el giro político del anterior, auspiciado por sus ideas, que se plasmó en la concentración de los poderes en su persona. En este contexto era lógico que estallara un triunfante golpe de estado, dado por el general Pavía el día 3 de Enero de 1874. El ataque a la República fue debido a la radicalización ideológica de sus últimos presidentes y supuso la instauración de un nuevo gobierno provisional republicano, ahora no federalista, que modificó, en consecuencia, el espíritu inicial de la Iª República. La República Unitaria (1874):

El caos vivido con el federalismo como estructura administrativa en España obligó al cambio hacia una entidad política unitaria y centralizada, de la que fueron excluidos los republicanos federalistas.

Sus presidentes (fueron Serrano, Juan de Zavala y Mateo Sagasta), a pesar de sus intentos por mantener el orden, no pudieron evitar los siguientes hechos que condujeron a la Iª República a su fin. Primero, los monárquicos como Cánovas del Castillo, dentro de los cuales se encontraban ideologías tan dispares como los absolutistas o los liberales moderados y radicales, consiguieron que Isabel II cediese los derechos al trono a su hijo Alfonso y así lo manifestaron en el “Manifiesto de Sandhurst”. De esta manera se resolvió la cuestión sucesoria por si eventualmente se instauraba la monarquía de nuevo. Después, tuvo lugar el pronunciamiento militar del general Martínez Campos en Sagunto (1874): su fin fue proclamar al príncipe Alfonso como nuevo rey de España y eliminar definitivamente la República, consiguiéndolo en Diciembre de 1874.

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