Google Adsense 1

El siglo XVIII: Decretos de Nueva Planta

En 1700 Carlos II de Austria moría sin descendencia, nombrando como heredero a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia. De esta forma finalizaba la dinastía de los Habsburgo y llegaba a España la dinastía de los Borbones. Pero al poco, el archiduque Carlos de Austria lograba el apoyo de Inglaterra, Holanda y Austria para presentar su candidatura al trono español, estallando la Guerra de Sucesión española en 1703.

En 1700 Carlos II de Austria moría sin descendencia, nombrando como heredero a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia. De esta forma finalizaba la dinastía de los Habsburgo y llegaba a España la dinastía de los Borbones. Pero al poco, el archiduque Carlos de Austria lograba el apoyo de Inglaterra, Holanda y Austria para presentar su candidatura al trono español, estallando la Guerra de Sucesión española en 1703. Después de casi diez años de guerra, las negociaciones de paz se iniciaron en el momento en el que el archiduque Carlos fue proclamado emperador en 1711. La actitud inglesa cambió, ya que no quería la unión de España y Austria. En 1713, Francia firmó en Utrecht una serie de convenios con Gran Bretaña, Portugal, las Provincias Unidas, Saboya y Prusia. España lo hizo en los meses siguientes. En estos tratados España perdía todos sus territorios europeos fuera de la Península Ibérica y, a cambio, Felipe V era reconocido rey de España.

Durante la guerra y una vez finalizada esta, se aprobaron en España los Decretos de Nueva Planta, que supusieron la supresión de las instituciones de gobierno propias de los reinos de la Corona de Aragón: Aragón, Valencia, Mallorca y Cataluña. Felipe V de Borbón decidió promulgar estos Decretos en respuesta al apoyo que las instituciones de estos territorios de la Corona de Aragón habían dado al archiduque Carlos de Austria durante la Guerra de Sucesión. También se ha de tener en cuenta que obedecen a la tendencia centralizadora y uniformadora del gobierno del reino que Felipe V había visto desarrollar a su abuelo Luis XIV en Francia. Esta tendencia consideraba que la mejor forma de gobernar sus reinos y territorios era con unas mismas leyes y con unas instituciones similares que fueran totalmente dependientes de la Corona, logrando así la racionalización de la administración. No obstante, Felipe V juró al principio de su reinado el respeto a los fueros de los reinos de la Corona de Aragón. Decidió suprimirlos por haberle traicionado al apoyar esos reinos al archiduque Carlos de Austria. Por el contrario, respetó los fueros de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra en premio por la fidelidad hacia él durante la Guerra de Sucesión.

Felipe V promulgó un Decreto para cada uno de los reinos aragoneses:

En 1707, en plena guerra de Sucesión y tras la victoria borbónica de Almansa y la consecuente ocupación de Aragón y Valencia, se promulgó el primer decreto de Nueva Planta que abolía los fueros de Aragón y Valencia. Los fueros y leyes propias de estos reinos serían sustituidos por una legislación e instituciones muy similares a las de la Corona de Castilla. Se crearon las audiencias de Valencia y Zaragoza que presidía el capitán general del Ejército. En 1715 se promulgó el decreto para el reino de Mallorca aunque se conservaba parcialmente alguna de sus instituciones tradicionales y parte de su derecho civil En 1716, se publicó el tercer decreto para el principado de Cataluña que disolvió sus instituciones de gobierno (como la Generalitat y el Consejo del Ciento). Se suprimieron, también, otras instituciones y derechos tradicionales como las Cortes y diversos organismos burocráticos. Se creó la Real Audiencia, presidida por el capitán general y una Superintendencia que heredó los bienes que tenía la Generalitat y creó un nuevo tipo de impuesto, semejante a la talla castellana, llamado catastro. Se prohibió el uso del catalán en la administración judicial y en la nueva administración. Pese a ello se respetó el derecho privado catalán y la exención de quintas.

Además, el gobierno borbónico adoptó otra serie de medidas tendentes a la centralización y racionalización de la administración del Estado: La creación de las Cortes de España en 1707, con lo que desaparecía las viejas cortes de origen medieval de los distintos reinos hispanos. La división provincial. Los Decretos de Nueva Planta habían convertido a los reinos de la Corona de Aragón en provincias gobernadas por un capitán general. Este sistema provincial se generalizó a toda España, que se dividió en once capitanías generales. La administración de los distintos territorios quedó en manos de nuevos cargos: Los intendentes, establecidos en 1749, cuyas funciones eran administrativas, judiciales y hacendísticas. De ellos dependían los corregidores, que controlaban los municipios. Los capitanes generales, que sustituyeron a los virreyes, que sólo permanecieron en América. Tenían la jefatura militar de su provincia y presidían la audiencia, que tenía competencias judiciales.

El control de la Iglesia católica española mediante la práctica de una política regalista. Los monarcas utilizaron el privilegio de presentación y lo extendieron para controlar a los cargos rectores de la Iglesia en España. La creación de las secretarías para el gobierno de la monarquía: secretaría de Estado, secretaría de Marina e Indias, secretaría de Gracia y Justicia y secretaría de Guerra. Son el antecedente de los actuales ministerios y sustituyeron a los antiguos consejos de gobierno de los Austrias. Estos siguieron existiendo, pero perdieron peso a favor de las secretarías, convirtiéndose en órganos consultivos.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Anuncio 3:

Utilizamos cookies para mejorar su experiencia.

Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Saber más

Acepto