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Etapas de Al-Ándalus con referencia al Reino Taifa de Toledo

Para desarrollar un estudio profundo de la presencia musulmana en la península Ibérica hay que tener en cuenta dos hechos históricos como antecedentes:

Para desarrollar un estudio profundo de la presencia musulmana en la península Ibérica hay que tener en cuenta dos hechos históricos como antecedentes:

  • La llegada de los visigodos a la península.
  • La creación del reino de Toledo.

Los visigodos fueron un pueblo germano contemporáneo al Imperio Romano en sus últimos siglos de existencia. A mediados del siglo V pactaron con las autoridades romanas la ocupación del sur de Galia e Hispania, hecho que coincidió con el fin del Imperio Romano, donde crearon dos reinos independientes y consecutivos en el tiempo:

  • Los reinos de Tolosa y Toledo.
  • Y el proceso de nacimiento y expansión del Islam.

La civilización islámica surgió a partir de las predicaciones del profeta Mahoma en las ciudades arábigas de La Meca y Medina. Su mensaje traspasó lo meramente religioso para convertirse en las señas de identidad de una nueva civilización, la islámica, que ejerció su influencia por todo Próximo Oriente, norte de África y la península Ibérica, en la que se encontraba el reino visigodo de Toledo. La entrada de los musulmanes en el reino visigodo de Toledo se produjo en un contexto de guerra interna.

Rodrigo, rey visigodo electo, ejercía el poder en contra de Akhila, hijo del anterior rey asesinado, Witiza. Akhila solicitó ayuda a los musulmanes del norte de África con el fin de acabar con Rodrigo.

Los generales musulmanes Tariq y Musa penetraron en el reino visigodo de Toledo en el año 711, se enfrentaron a las tropas del rey Rodrigo en la batalla de Guadalete, derrotándolas, y finalmente optaron por permanecer en el territorio, al que sometieron en poco tiempo y denominaron Al-Ándalus con la ayuda de colonizadores árabes y beréberes.

El territorio de Al-Ándalus, nueva provincia del Imperio Islámico, atravesó varias fases en su historia política, y sus fases son:

Fue emirato dependiente entre 711 y 756, ya que dependía política y religiosamente del Imperio Islámico centralizado en Damasco. Desde allí los califas omeyas emitían sus órdenes que apenas eran atendidas y aplicadas, debido a continuas revueltas internas y contra los cristianos.

Después fue emirato independiente entre 756 y 929, ya que se desvinculó políticamente del Imperio Islámico, dirigido por califas abasíes, con la subida al poder del único superviviente de la matanza omeya, Abderramán I. Éste y sus sucesores tuvieron que hacer frente a la pérdida progresiva de poder en la provincia de Al-Ándalus, cuestión que fue resuelta en la siguiente etapa.

Entre 929 y 1031 Al-Ándalus consiguió emanciparse del control religioso del Imperio Islámico con Abderramán III, convirtiéndose en el Califato de Córdoba y llegando a ser el estado más brillante cultural y políticamente de su tiempo. Con el califa Hisham II el control de Al-Ándalus se fue haciendo más difícil, terminando por desmembrarse en reinos independientes.

Así, entre 1031 y 1090 surgieron los denominados Reinos de Taifas: estados independientes más vulnerables a la conquista cristiana. De ellos destacaremos más adelante el de Toledo.

Éstos volvieron a integrarse en una única unidad administrativa con las conquistas de musulmanes almohades y almorávides entre 1090 y 1238, periodo en el que destacan acontecimientos de la Reconquista como la batalla de Sagrajas (victoria musulmana sobre los castellanos) y la de Navas de Tolosa (victoria cristiana sobre los musulmanes).

Pero a partir de 1238 una nueva descomposición del territorio musulmán unificado provocó la separación en nuevos taifas, del que sólo sobrevivió uno durante algo más dos siglos, concretamente hasta 1492, el de Granada, que fue conquistado por los Reyes Católicos. Sin duda alguna, uno de los acontecimientos más destacados de la presencia musulmana en la península Ibérica es la conformación del Reino Taifa de Toledo, algunos aspectos relevantes de su historia son:

El Califato de Córdoba, que desde su nacimiento ya presentaba ciertas fisuras por las diferencias sociales que permitía, y los tributos que exigía a sus ciudadanos.

Al-Ándalus era un compendio de individuos de distintos orígenes y categorías sociales: árabes, sirios, beréberes, muladíes y mozárabes compartían el espacio pero con diferente protagonismo. De ellos, los beréberes sobrevivían en una situación clara de desventaja respecto a las tierras ocupadas (las infértiles del centro peninsular) y el tipo de trabajos que realizaban (eran ganaderos).

Además los gobernadores de Toledo, pertenecientes casi todos a la aristocracia árabe, mostraban una amplia autonomía respecto a Córdoba, ya que se resistían a su duro sistema tributario. Incluso no dudaron en pedir auxilio a los incipientes reinos cristianos, creándose fama los toledanos de indómitos y levantiscos.

Así las cosas, y ante la crisis y debilidad del Califato cordobés, a partir de 1031, el visir toledano de origen beréber Al-Zafir proclamó la independencia del Reino Taifa de Toledo, el más extenso de todos los andalusíes (casi toda la meseta sur, los valles medios del Tajo y el Guadiana).

El primero en sucederle fue su hijo Al-Mamún: Que ante el ataque de su rival, el rey taifa de Zaragoza, se granjeó el apoyo y la protección de los castellanos con Fernando I por el pago de las parias. Por eso tardó poco en extender su reino por el valle del Henares y las tierras alcarreñas hasta Medinaceli y Molina, contener a las tropas del reino taifa de Badajoz en Talavera y desde tierras de Cuenca anexionar el Reino Taifa de Valencia. La fortuna militar de Al-Mamún le llevaría incluso a la toma de la misma ciudad de Córdoba en 1075, pero murió asesinado poco después.

Su nieto y sucesor Al-Qádir:

No consiguió hacerse con el reino y fue depuesto temporalmente por el rey de Badajoz, aunque el rey de Castilla y León, Alfonso VI, consiguió devolverlo a su trono (1081). Pero incapaz de mantenerse en él, y ante los ataques y razias de zaragozanos, valencianos, aragoneses y, por supuesto, castellanos, pactó un intercambio: Castilla ocuparía Toledo mientras que él sería entronizado en Valencia. Después de un laborioso asedio, y con ayuda y apoyo interior, el 25 de mayo de 1085 Alfonso VI conseguía entrar en Toledo. De esta manera la España musulmana comenzaba a deshilacharse por el centro.

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